Ben Roberts – EclectikTronik en la colección [M]UMoCA

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Ben Roberts – EclectikTronik

Descripción: restos de cinta magnética desechados en la edición de obras sonoras. Proceden de cassettes recuperados, muchos son secciones en silencio al final de las grabaciones, otros son zonas dañadas que se retiraron antes de su regrabación. En total corresponden aproximadamente a dos horas de grabación. En palabras del artista, representan «minutos inservibles».
Fecha: 2017-2022
Medidas: 3,8 mm. x 160 m. (aprox.)

Más información sobre la pieza de referencia: http://www.eclectiktronik.tk

Fernando Baena en la colección [M]UMoCA

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Fernando Baena
Descripción: tarro de vidrio utilizado para diluir la pintura en la preparación de la performance Rojo pasión de Bruguer sobre patata. Conserva la etiqueta original de miel marca Adarve, con daños por agua. Hay pintura roja seca en su interior y el exterior presenta amplias manchas del mismo color. Se aprecian pequeñas abolladuras en la tapa.
Fecha: 2017
Medidas: 98,5 x 98,5 x 135,8 mm.

Más información sobre la pieza de referencia: http://www.fernandobaena.com/works/rojo-pasion-de-bruguer-sobre-patata

Tomaž Furlan en la colección [M]UMoCA

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Tomaž Furlan
(1978, Kranj, Eslovenia)
Descripción: Conjunto de tornillo, tuerca y rodamiento desprendidos de la serie escultórica Wear V, VI, VII (Wear VI) durante su montaje en la feria ARCO 2020, Madrid. Presenta pequeñas marcas en la cabeza del tornillo, debidas al uso de herramientas. Los tres elementos están engrasados.
La pieza ingresó en la colección con el Premio [M]UMoCA al mejor stand de la feria a la galería P74 de Ljubljana, donde se exhibía. El galardón estaba dotado con un presupuesto de cinco euros para la adquisición de obra.
Fecha: 2005
Medidas: 66,5 x 28 mm.

Más información sobre la pieza de referencia: https://tomazfurlan.art/portfolio/wear-v-vi-vii-2/

Davis Lisboa en la colección [M]UMoCA

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Davis Lisboa
Descripción: fragmento de un autorretrato en escayola titulado Ohh (self-portrait), que iba a formar parte de la Sculpture Section de Davis Museum, luego cancelada. La pieza original se fracturó, consolidándose este trozo con esmalte sintético blanco.
Presenta rastros de una capa anterior de pintura azul, está firmado en su parte inferior con tinta azul (Davis 2010) y tiene un colgador metálico de forma triangular en su cara posterior, que ha quedado también cubierto de esmalte blanco.
Fecha: 2010
Medidas: 59 x 92 x 125 mm.

Más información sobre Davis Museum: https://www.davismuseum.com

BLOOMSDAY 2022

Leí Ulysses muy joven, antes de los veinte años, que es cuando hay que leer por primera vez los clásicos que han definido nuestra cultura, aunque los entendamos de una manera… juvenil. Es decir, quedan ya en nosotros como experiencia, nueva, genuina, al contrario de lo que nos pasa más mayores, que los interpretamos desde nuestras propias experiencias. No recuerdo mucho, impresiones, pero su lenguaje dejó una huella permanente en mí. Lo he descubierto ahora porque hace un mes, aprovechando un contexto que prometía tranquilidad en mi vida (promesa inclumplida), inicié su relectura.

Esta vez lo leo armado con todos los pertrechos necesarios: las traducciones de Valverde y García Tortosa (prefiero la primera, por el brillo que saca al lenguaje, aunque la segunda sea más exacta), la versión en inglés incluida en unos Collected Works que parecen piratas, pero que dicen seguir un facsímil de la primera edición. Además Harry Levin, Stuart Gilbert, un par de webs inspiradas en la guía de Harry Blamires y la exhaustiva edición anotada de joyceproject.com. Y también me he tomado la molestia de leer antes Retrato de un artista adolescente, una novela que nunca me ha gustado. Al final incluyo los links y los datos bibliográficos.

Voy muy despacio, no hace falta decirlo. Creo que el Ulysses no se lee, sino que se estudia. O se investiga. Es una novela que va más allá de la escritura y para enfrentarla hay que ir más allá de la lectura. Cómo lo haga cada cual, pues dependerá tanto de lo que espere como de lo que ya sepa. Pero incluso sin conocer mucho sobre el tema y sin prepararse de manera especial, circunnavegar el Ulysses vale la pena.

Cuando la gente me pregunta en qué ando, qué proyectos me traigo entre manos, y respondo que me he metido en una lectura «crítica» del Ulysses, algunos me miran mal. Es una actividad que levanta suspicacias. Me ha sorprendido mucho. Tras elucubrar varias explicaciones de este fenómeno, las he desechado todas y he aceptado el recelo como acepto el calor en estos días infernales de junio.

El caso es que lo estoy disfrutando, aprendo mucho, mucho más de lo que esperaba, y me he encontrado, como decía antes, con recursos de mi propio lenguaje cuyo origen desconocía y ahora identifico claramente en los rastros de aquella incursión juvenil en el laberinto joyceano.

Siempre me he preguntado por qué no hay una novela fundacional de la modernidad en lengua española. Bueno, lo fue el Quijote, tenemos toda esa buena y mala suerte a la vez, perfectamente equidistante entre la Odisea y el Ulysses. Equidistancia no cronológica, sino literaria. Para nosotros ya no es una referencia, porque pertenece en casi todo a otra época. Lo cierto es que no se ha escrito así en nuestro idioma, aunque se haya escrito muy bien. No sé si nuestra misma lengua nos impide llegar hasta donde llegó Joyce con el inglés, o si no hemos sido capaces de romper sus limitaciones. Tampoco se ha escrito así sobre Madrid, aunque también se haya escrito mucho y muy bien. Ni siquiera Cansinos Assens, que tiene algo benjaminiano en su forma de sentir la ciudad, atraviesa la dura corteza de Madrid como Joyce lo hace con la de Dublín.

Joyce, que llenó el Ulysses de referencias literarias, sólo nombra el Quijote una vez y de pasada. Aunque también podríamos pensar que toda su novela es una larga paráfrasis de la de Cervantes. La cita está en el capítulo 9, cuando Stephen charla con varias personas en la Biblioteca Nacional, por boca del pretencioso señor Russell, que compara a unos conocidos con el caballero andante y su escudero. En compensación las notas de joyceproject.com me regalan esta brillante acotación:

[El Quijote] fue, a juicio de muchos, la primera novela moderna. (…) Mundano, democrático, cómico, irónico, escéptico, subjetivo, perspectivo, dialógico: esta obra previó a dónde irían los cuentos épicos en una era en la que la gente común ganaba atención frente a las élites hereditarias, la prosa desplazaba al verso y las percepciones individuales comenzaban a parecer más reales que las enseñanzas universales. También fue pionera en un patrón narrativo particular al que los novelistas posteriores volverían una y otra vez: dos protagonistas masculinos que son polos opuestos en las formas más obvias, pero cuyas mentes de alguna manera se fusionan, y emprenden una serie de aventuras episódicas que resaltan tanto sus diferencias como sus similitudes.

El Bloomsday es el aniversario de aquel 16 de junio de 1904 en que Leopold Bloom salió a comprar unos riñones de cerdo para el desayuno, etc. (No spoilers!). Todos los años una extravagante legión de admiradores de Joyce lo celebra en las calles de Dublín, aunque no hay constancia de que los participantes hayan leído, todos y sin excepción, la novela. En 2022 coincide con el centenario de su publicación, que debemos a la audacia de Silvia Beach, propietaria de la mítica librería Shakespeare and Co. de París. Yo no lo celebro, porque es el cumpleaños de mi pareja y por supuesto tiene prioridad sobre Joyce. Incluso sobre Proust, si hubiese un Marcelsday en París.

María María Acha-Kutscher. Silvia Beach y James Joyce. Herstory Museum 2018.


Ulises, edición de Lumen Bruguera de 1976, reimpresión de 1979. Traducción y prólogo de José María Valverde. Es la que tengo desde principios de los 80, nada menos, cuando la leí de joven.

Ulises, edición de Cátedra, 1999. Traducción de Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas Lagüens.

Ulysses, edición de Shakespeare and company, 1922; Facsímil de Ed. Dover (?). Incluida en James Joyce – Works. cm D apotAaaYM e U pp Fw &c. (esto lo pone al pie de la portada y no sé que significa, si es algo friki de hackers o una referencia a Finnegans Wake). Libro electrónico 2016.

Levin, Harry. James Joyce, una introducción crítica. Fondo de Cultura Económica. México DF 2014. Primera edición de 1941, revisada varias veces después. El libro aborda toda la obra de Joyce, en realidad se centra en Dublinenses, el Retrato, Ulises y Finnegans, pero es claro, muy bien estructurado y vale la pena.

Gilbert, Stuart. James Joyce’s Ulysses, a study. Vintage Books, Nueva York 1955. Primera edición de 1930. Es un cuerpo extraño en la crítica literaria anglosajona, pero este estudio es la referencia imprescindible sobre Ulysses. Que yo sepa no está traducido al español.

Blamires, Harry. The New Bloomsday Book. A guide through Ulysses. Routledge Londres 1999. Primera edición 1966. En inglés abundan las «traducciones» del Ulises al lenguaje corriente, dada la dificultad de seguir la lectura en el texto original. Es decir, resúmenes de cada capítulo, que nos explican qué ha pasado, a veces con observaciones muy valiosas. Hay varias webs que ofrecen estos contenidos: https://www.cliffsnotes.com/literature/u/ulysses/book-summary, https://www.ulyssesguide.com/, https://www.sparknotes.com/lit/ulysses/. Resultan útiles para repasar después de leer un capítulo. ulyssesguide.com incluye planos de los trayectos de Bloom y fotografías de algunos lugares citados en el relato.

Por último, la ya citada web https://www.joyceproject.com. Es una edición completa profusamente anotada. Usan un código de seis colores para diferenciar el tipo de notas (literatura, Dublín, el escritor…) y cada nota aporta muchísima información. Dada la cantidad de referencias internas y externas que hay en Ulysses, resulta muy útil si queremos profundizar.



Nieves Correa en la colección [M]UMoCA

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Nieves Correa
Descripción: tarjeta de memoria que contiene 59 archivos de vídeo distribuidos en 11 carpetas con los nombres de tramo_01 hasta tramo_11, grabados para la pieza Una historia de fantasmas. Estas grabaciones fueron descartadas durante la edición de los vídeos definitivos. En ellos se ven los pies de la artista caminando por la calle.
El código QR está pegado sobre el adaptador SD y conduce a un canal privado de YouTube, donde podemos ver un montaje de estos fragmentos, con una duración de 13min 11 seg. Sin sonido.
Se presenta en la funda original de PET termoformado con que se comercializan las tarjetas.
Fecha: 2022
Medidas: 85,2 x 54,8 x 4,5 mm.
Materiales: Tarjeta mini SD de 32 Gb, adaptador SD, adhesivo impreso y funda de plástico.

Más información sobre la pieza de referencia:
http://www.nievescorrea.org/una-historia-de-fantasmas

¿Es Amazon el enemigo de la cultura?

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”
Jorge Luis Borges.

He estado mucho tiempo pensando si escribir este artículo o guardármelo, como tantos otros, para evitar polémicas, que ya se sabe que no me gustan. Y en este caso en concreto, temo aparecer como el abogado del diablo, nunca mejor dicho, porque el comportamiento empresarial de Amazon carece por completo de ética: explotan a sus empleados hasta el límite, evaden el pago de impuestos por medio de artimañas que nuestros sistemas fiscales no son capaces de prever y resolver a tiempo y me imagino que exprimirán a sus proveedores, como hacen todas las multinacionales. Pero ésta no es la cuestión. La cuestión es si es ético, para mí, ciudadano de a pie y escritor infraleído, auténtico worstseller, publicar a través del servicio de autoedición de Amazon: KDP (Kindle Direct Publishing). La duda surgió cuando una librería-galería de Lavapiés rechazó mis libros por este motivo. Y no sólo los libros que he publicado a través de KDP, sino otros que el Antimuseo ha editado por su cuenta. Es decir, yo me había situado en una especie de eje del mal y se rechazaba cualquier trato conmigo. Me convertí en un individuo apestado, un personaje maligno, inicuo, al menos desde la perspectiva de este librero, porque, según me explicó, Amazon está acabando con las librerías y yo era de alguna manera su cómplice. Le indiqué entonces que todos los libros que mostraba en sus anaqueles se vendían también por Amazon, lo que pareció desorientarlo un poco, pero se mantuvo firme en su postura: al enemigo ni agua. La discusión no prosiguió, no tenía caso, pero la cuestión ética me ha torturado desde entonces: ¿soy una mala persona por publicar con KDP?

Primero, antes de transitar por tan pantanoso terreno, el de la ética, quiero explicar que edito libros con Amazon porque es gratis. No dan muy buena calidad ni hay opciones de papel o encuadernación, por lo que las ediciones con mayores exigencias artísticas las hago o bien en offset con una imprenta alemana o en digital con una valenciana muy conocida, ambas con excelentes plataformas online. Pero para otras KDP tiene varias ventajas: no debo adelantar dinero, sólo los ejemplares que vaya adquiriendo a precio de coste; no tengo que almacenar cajas con cientos de copias —muchas acaban luego en la basura— porque se imprime bajo demanda (en este sentido es más ecológico que el modelo editorial tradicional). Y lo más importante, incluye la distribución mundial en papel y Ebook, aunque es muy difícil hacerse ver entre los millones de libros ofrecidos en su web. Para mí, que tengo un círculo de lectores reducido pero fiel, es suficiente.

En el mundo del arte, donde la escasez es la norma, se tiende siempre a la optimización de recursos, a aprovechar cualquier oportunidad, porque de otra manera la mayoría de nosotros nunca habríamos podido producir nuestra obra. La autoedición está además muy arraigada en las artes plásticas, ya que las cosas que hacemos son inasumibles para una editorial, es decir, no dan dinero. Pueden llegar a valerlo, pero a lo mejor dentro de veinte años, y eso no es viable para una industria en la que la vida útil de los libros es cada vez más corta. También se podría hablar sobre el funcionamiento y sostenibilidad de esta industria, pero como decía Sherezade al final de sus cuentos en Las mil y una noches, ésa es ya otra historia.

El caso, para no perder el hilo, es que yo quería saber si realmente había una cuestión ética a la que debía atender o si había tropezado con un caso más de resistencia al cambio, normal desde que el mundo es mundo, o, pero aún, con el postureo hipócrita de la izquierdita europea universitaria. Porque en principio, el que cualquier persona pueda editar y distribuir su libro parece un avance en la democratización de la cultura, como lo es que todo el mundo pueda hacer fotos y vídeos con sus teléfonos, aunque los fabriquen multinacionales. Así que como primer paso me interesé por ver quiénes están en la cúspide de la industria editorial, que supondremos benigna en contraste con la aviesa tecnológica.

Lo que encontré tras una breve investigación vía Google (otra multinacional, pero qué remedio) es que por ejemplo el grupo Hachette, a quién tanto debemos dicho sea de paso, primera casa editora de Francia y segunda de España, es propiedad del grupo Lagardère SCA, un conglomerado industrial que tiene su origen en Matra, empresa dedicada originalmente a la aeronáutica y el armamento. Matra ya no existe, su historial de absorciones y fusiones es difícil de seguir, y Lagardère, a partir de los años 90, se centró en el negocio editorial y en el retail de aeropuertos. En la actualidad Lagardère está controlado por Vivendi, un gigante de las comunicaciones (Canal+ por ejemplo), Qatar Holding y otras financieras. Me quedo más tranquilo sabiendo que ya no tienen intereses en la fabricación de armas, aunque todavía en 2006 se les relacionaba con esta industria, pero el tamaño y la influencia política de Lagardère-Vivendi dan tanto miedo como Amazon y no sé si aportan alguna ventaja ética. Yo por si acaso los pondría también en cuarentena. En España pertenecen a Hachette, entre muchas otras, Salvat y Anaya, que incluye a su vez Alianza Editorial, Cátedra o Tecnos.

Por cierto, en 2011 Hachette firmó un contrato con Google para la digitalización de sus fondos agotados. La relación entre grupos editoriales y tecnológicas es muy estrecha.

El otro gigante de la edición en Europa es Bertelsmann. Es el primer grupo editorial del mundo, tras la absorción completa de Pinguin Ramdon House en 2017, y como Hachette, un gigante de los medios. También tienes ramas dedicadas a la educación, imprenta, música, nuevas tecnologías, servicios e inversiones. Una particularidad de Bertelsmann es que mientras la mayoría de las acciones de Lagardere o Amazon están en manos inversores institucionales y fondos (Jeff Bezos “sólo” conserva alrededor del 12%), este grupo es propiedad de la familia fundadora, con un 80,9% en manos de una fundación y un 19,1 repartido entre los herederos, los Mohn. Quitando que son prácticamente un monopolio, con enorme poder político gracias a su control de medios de comunicación, no habría mucho que objetar.

El problema, siempre tiene que haber un problema, es que hay un obscuro pasado. En 1998 el entonces presidente de la compañía, Thomas Middelhoff, acudió a Nueva York a recoger un premio y en su discurso presumió de que el III Reich habían cerrado la imprenta en 1944, por lo que de alguna manera podían considerarse víctimas del nazismo. Pero un periódico suizo se tomó la molestia de recordarnos los vínculos de Heinrich Mohn con el gobierno de Hitler. En realidad la imprenta se cerró, como todas, por la falta de papel al final de la guerra. Pero desde 1933 hasta el cierre, la hasta entonces pequeña editorial de teología fundada en 1835 por Karl Bertelsmann se había convertido en una gran empresa gracias a un contrato de suministro de libros para el ejército alemán. Novelas con contenidos patrióticos y racistas que se enviaban a los soldados para mantener alta la moral. Y hay más, Heinrich Mohn no se conformó con ingresar en el partido, también fue miembro de las SS, usó su infame uniforme en multitud de actos públicos y de hecho, tras la guerra, aunque mintió a las autoridades de la ocupación, no pudo ocultar un vínculo tan ampliamente documentado, por lo que tuvo que retirarse y dejar la dirección a su hijo. El escándalo, en 1998, fue tan grande en Alemania que la propia empresa organizó un comité de investigación independiente, presidido por el historiador Saul Friedländer, y publicó sus conclusiones. Hoy en imposible encontrar en Internet una fotografía de Heinrich Mohn, y mucho menos vestido con el uniforme de la SS.

Bertelsmann es propietaria, a través de Penguin Random House, de Alfaguara, Taurus, Bruguera, Aguilar, Plaza y Janés… hasta un total de 56 sellos. Bueno, si Alfaguara me ofreciese la oportunidad de publicar una novela, creo que no pensaría en un boycott. ¿Para qué remover el pasado?

Los resultados de esta mini-investigación me dejan varias conclusiones, pero antes de entrar en ellas es necesario hacer una puntualización: las librerías no admiten libros autoeditados por escritores. Quizás las más grandes sí, desde luego sí los de los artistas, pero en general esta práctica, autoeditarse, está muy mal vista. Según me explicó una vez un librero, no los admiten para proteger el “ecosistema” editorial. Las familias Mohn y Lagardère deben estar muy agradecidas. Por tanto, la posibilidad de publicar con KDP, que ofrece distribución en Amazon, abre una puerta para los autores noveles, para los que no tiene recursos para una editorial “de pago”, o para los marginales como yo, que se encuentran mejor a cierta distancia del mundo de la cultura.

Respecto a las conclusiones:

Desde luego, no estoy haciendo nada malo y me siento muy aliviado. El ecosistema editorial es el ecosistema capitalista, tiende a la concentración de los medios de producción en muy pocas manos y, aunque hay muchas y muy buenas editoriales pequeñas, la opción de autoeditarse es perfectamente legítima y hacerlo con Amazon no añade ni una pizca de maldad al mundo. Creo que es peor usar un teléfono móvil o las redes sociales, pero estos inventos, como el sistema de distribución de Amazon, han mejorado nuestras vidas en algún aspecto, por lo que no podemos renunciar a ellos. Además, insisto, yo imprimo mis libros con KDP y si los distribuyo sólo con Amazon es porque las librerías no los aceptan. Mientras, todas las editoriales del mundo imprimen sus libros donde mejor les conviene y los distribuyen tan ricamente en Amazon. Me dirán por qué soy yo peor persona.

Por consiguiente, creo que la actitud del librero de Lavapiés era puro postureo. Nos hemos acostumbrado tanto a reducir la política a sus signos externos que se ha vaciado de contenido. Boicotear las ediciones del Antimuseo no tiene ningún sentido, cuando las más interesadas en el cambio de modelo de distribución, de las librerías a Internet, son las grandes editoriales, por una razón muy sencilla: Amazon cobra un 15% del valor de cada libro por su distribución, más la cuota fija (unos 400 € al año la profesional). Hay otros gastos opcionales de logística y almacenamiento, pero son costes que las editoriales deben asumir de todas maneras si quieren competir en la venta online. Y cuanto más grande es la empresa, menores son estos costes. El sistema distribuidora-librería se queda con el 60% y el autor el 10%. Es decir, las editoriales incrementan su margen del 30% a, por lo menos, un 65-70% del valor de cada ejemplar. La diferencia es brutal.

El problema con Amazon es su posición de monopolio, no el cambio que ha introducido en la distribución de bienes de consumo. Los transformaciones en los sistemas productivos siempre se reciben con miedo y sobre todo siempre dejan víctimas. Sin embargo intentar detenerlas suele ser peor. Lo de Amazon no lo mejoraremos esperando que sus clientes renuncien a la comodidad o, en muchos casos, al simple acceso a productos que antes quedaban fuera de su alcance. Son necesarias leyes antimonopolio, medidas fiscales y control de los derechos laborales. Entre tanto, en Europa vamos con veinte años de retraso. No sé que tal funcionará la plataforma todostuslibros.com, creada por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías). La verdad es que yo no compro libros en Amazon de manera habitual, uso la compra online para libros raros o descatalogados, sobre todo en Abe Books y Todo Colección. Pero espero que poco a poco se hagan un hueco en la distribución online, aunque eso no resuelve el problema: las librerías seguirán desapareciendo, substituidas por negocios puramente digitales como ha pasado, por ejemplo, con las tiendas de discos.

Por último, y quizás lo más importante, pienso que es la tecnología la que determina los géneros artísticos, por encima de los movimientos estéticos y de los determinismo políticos, aunque formen un entramado indivisible. La novela fue posible gracias a la imprenta. Pero la imprenta acabó con el libro como objeto artístico, lo que sin duda produjo una fuerte conmoción en la enorme red medieval de amanuenses e iluminadores que los producían entonces. Los volúmenes impresos les parecerían feos, sin valor artístico, industrializados, carentes de personalidad. Un atentado contra la cultura que quizás llegaría a acabar con ella. Vale la pena recordar aquí a Hugo: en Notre Dame de Paris hay un ensayo intercalado en mitad del relato que se titula Ceci tuera cela (Esto matará a aquello). En él reflexiona sobre las enigmáticas palabras del archidiácono de Notre Dame: Le livre va tuer l’édifice (el libro matará al edificio). El capítulo es largo, pero su intención se resume en la primera página: “el pensamiento humano, al cambiar de forma, cambia también su forma de expresión. La idea capital de cada generación no se escribirá con la misma materia ni de la misma manera.”

Los libros de papel desparecerán si no encontramos en ellos un valor que los diferencie de los digitales, como desapareció el rollo de papiro de la antigüedad. Las librerías físicas desparecerán si no aportan nada mejor que una tienda online. En el mejor de los casos se verán reducidas a especialidades donde el trabajo del librero sea imprescindible. Y rechazar la autoedición, ahora que es tan accesible, no parece un buen camino. Al mismo tiempo que nuevas formas literarias emergen de las tecnologías digitales, otras ven llegar su ocaso. También nuestra manera de escribir se ha transformado con el uso del ordenador y los procesadores de texto. No pensamos igual que nuestros abuelos y nadie podría hoy escribir una novela de cientos de páginas, de principio a fin, en un cuaderno de gran tamaño, como hacía Hugo. La edición, el “montage”, heredado del cine, está incorporado a nuestra manera de narrar.

Contradiciendo la cita de Borges, tan bella, con que he encabezado este texto, no es el libro lo que funciona como una extensión mágica de nuestra imaginación, sino la literatura. Y ésta existió antes de que hubiese libros, y pervivirá mucho más allá de su desaparición. Amazon, en este sentido, es irrelevante. Desaparecerá mucho antes que las librerías.

Stickers, hashtags & QRs

La fiebre de los NFTs(1) (non fungible tokens en inglés, nueva fastidiosa tabarra en español), ya que hemos empezado poniendo siglas hasta en el título, no ha golpeado en ARCO tanto como cabía esperar. Es un alivio. Debo decir que a mí los NFTs no me interesan nada. La primera redacción de este artículo comenzaba con una detallada explicación de mi postura al respecto, pero se la voy a ahorrar al lector para ir a lo substancial: puede haber buenas obras de arte que se basen en la tecnología NFT, pero el uso de esta tecnología, o de cualquier otra, no garantiza el menor interés en una obra de arte.

La cuestión es que los avances tecnológicos generan cierta excitación en el mundo del arte, con promesas de transformaciones profundas, recursos infinitos y futuros utópicos o distópicos, sin que en realidad nunca llegue a cambiar nada. Nada substancial en comparación con el impacto que esas mismas tecnologías han tenido sobre nuestras vidas y la forma en que nos relacionamos. Pero esto no es óbice para que de vez en cuando aparezcan proyectos que usan con inteligencia inventos última generación, porque, como he señalado al principio, la “calidad” —difícil concepto— de una obra de arte no tiene ninguna relación con el medio físico o soporte que el artista haya elegido para su creación. Por inercia seguimos pensando en video-arte, performance, instalación, arte digital, etc., además de los medios tradicionales, incluida la fotografía, aunque en realidad sabemos que lo que importa es otra cosa.

Todo esto viene a cuento de que hay tres proyectos recientes que me han llamado la atención. No los he buscado, no es éste uno de los temas que trabajo, se me han “cruzado” en las redes por así decirlo, y he decidido agruparlos en una reseña bajo este elemento común de un uso inteligente y crítico de los augmetend hells en que se han convertido Facebook, Instagram, YouTube, WhatsApp, etc. Por lo demás son muy distintos entre sí, aunque dos de ellos coinciden en el ánimo activista.

El primero es Aladas Victorias, un proyecto colectivo impulsado por la siempre admirada artista mexicana Lorena Wolffer para el Centro de Investigaciones de Estudios de Género de la UNAM, en México, que consiste en cinco colecciones de stickers para WhatsApp, realizados por otras tantas artistas y/o colectivas. Los stickers son gráficos que se pueden introducir en las conversaciones en este tipo de redes, como los emojis, sólo que mucho más flexibles en cuanto a diseño y pueden ser creados por los mismos usuarios. Estos stickers en concreto lo que persiguen, obviamente, es introducir una icónica de la lucha feminista en las aplicaciones de mensajería. Con ellos podremos contestar, en vez de con la carita amarilla sonriente o enfadada, con consignas feministas, dibujos, letterings o collages obra de las artistas invitadas por Lorena, todos con su mensaje a favor de los derechos y la seguridad de las mujeres. En todos los casos se trata de una adaptación o traducción de obras previas de estas artistas al formato del sticker y lo que se pretende es explorar nuevos canales de distribución del arte, más amplios, más conectados con nuestro tiempo, y alcanzar públicos también más diversos.

Participan la misma Lorena con dos series, Señalamientas y Pronombras; Invasorix con sus Amigxs Imaginaixs; Cerrucha con Históricas-Stickers; Betzamee con La Lenguaja y Códiga 1 y 2; y María María Acha-Kutscher con dibujos de Indignadas adaptados para su uso como stickers. Para no alargar este artículo más de la cuenta, remito a las imágenes y a los links de cada artista.

¿Cómo nos hacemos con los stickers para usarlos en nuestras conversaciones? Bueno, el camino es algo complicado: hay que bajarse un programa desde Google Play o Apple Store: Sticker Maker for Whatsapp. Una vez instalado en el teléfono los links que detallo más abajo nos dirigirán automáticamente a la opción de “añadir stickers”. Vienen agrupados en colecciones, la primera de las cuales es una selección de todas las demás. Aviso: cuando abramos el programa puede aparecer publicidad, no hacer caso.

Existe una forma más sencilla de añadir stickers sueltos a nuestro WhatsApp, y es recibirlo en una conversación y añadirlo a nuestra colección. En Android se mantiene el dedo pulsado sobre la imagen hasta que aparezca resaltada y luego se pulsa sobre la estrella de favoritos que hay arriba de la ventana de diálogo. Luego, en el curso de una conversación, sólo hay que cambiar de emojis a stickers y seleccionarlo. Un poco lioso al principio y me imagino que el procedimiento cambia en cada sistema, pero enseguida se aprende.


Colección completa Aladas Victorias:
https://open.stickercommunity.com/pack/NIR8ML

COLECCIONES INDIVIDUALES

Betzamee
Conversaciona la lenguaja: https://open.stickercommunity.com/pack/PY2J0R
Códiga 1: https://stickercommunity.com/pack/EWBIA9
Códiga 2: https://stickercommunity.com/pack/MZSDPJ

Cerrucha
Históricas: https://open.stickercommunity.com/pack/KX7YGO

Invasorix
Amigxs imaginarixs: https://open.stickercommunity.com/pack/LFHMUZ

María María Acha-Kutscher
Indignadas: https://open.stickercommunity.com/pack/J79PLH

Lorena Wolffer
Señalamientas: https://open.stickercommunity.com/pack/R73WKZ
Pronombras: https://open.stickercommunity.com/pack/PK4XL5

El segundo proyecto es de Sandra Paula Fernández, una artista bien conocida en Madrid, que el 8 de mayo de 2019 nos deslumbró con el enorme tapiz #tod@sauna, la revolución se hace a golpe de aguja, compuesto por cerca de trescientas consignas feministas, que llevó a la marcha montado en un andamio de cuatro metros de alto.

#tod@sauna en la manifestación del 8 de marzo de 2019.

Este proyecto tiene como punto de partida de hashtag en Instagram: #loveisintheearth21. Sandra Paula lanzó con él una convocatoria para reunir frases, lemas, fotografías y vídeos en defensa de los derechos LGTBIQA+. Al mismo tiempo emprendió una extensa investigación para localizar en esta red contenidos que cuadrasen con su convocatoria y repostearlos en su perfil. Este proceso abrió nuevos diálogos con los autores de las fotos y vídeos, retroalimentando a su vez el proyecto. El resultado es impresionante y el perfil de Sandra en Instagram, o si buscamos por el hashtag, se ha convertido en un canto a la diversidad, un espacio de libertad donde personas de países diversos y en diferentes lenguas han podido expresarse y compartir sus sentimientos.

Podemos ver, entre cientos de testimonios, una niña trans que nos da lecciones de tolerancia; una lesbiana, Conchi, que conoció la represión en tiempos no tan lejanos —le quitaron sus hijos por enamorarse de una mujer; otra mujer que canta una canción sobre Roomates, just roomates, mientras de fondo van pasando viejas fotografías de parejas gays afroamericanas; un joven trans que con su bebé a la espalda nos narra en otra canción su historia de abusos, adicción y encuentro consigo mismo; una mujer y un travesti con ropa tradicional de la India que cantan juntas lo que podemos imaginar que es una canción de amor; una marcha de gays against guns en Nueva York; unas Super Powerpuff (trans) Girls que vuelan y luchan contra la homofobia; una niña con su papá trans; cientos de fotografías con testimonios escritos… y bailes, besos, abrazos, amor, mucho amor.

Por último, Una historia de fantasmas de Nieves Correa utiliza el código QR como elemento de conexión con el público accidental que transita por la calle Martín de los Heros de Madrid, cuya memoria es la protagonista de la pieza.

El código QR, por si acaso, es ese cuadradito con un patrón de puntos característico que con la pandemia se ha popularizado por ejemplo para substituir los menús impresos en los restaurantes. Aunque se inventó en Japón en los años 80, su actual estándar no se aprobó hasta 2000 y su expansión mundial comenzó en el 2010, cuando se introdujo en los Estados Unidos. Sirve para acceder de manera rápida a direcciones en Internet (webs, emails, aplicaciones…) y requiere el uso de un dispositivo con cámara y un programa que lo decodifique.

Una historia de fantasmas consiste en una intervención en el espacio público que parte de un itinerario por la mencionada calle de Martín de los Heros, desde el Paseo Moret hasta la Plaza de España. El recorrido ha dado lugar a once vídeos de corta duración, entre dos y tres minutos, en los que podemos ver los pies de Nieves cuando camina por esta calle, imágenes de archivo de la misma durante la guerra, recordemos que el barrio de Argüelles fue uno de los más castigados de Madrid por los bombardeos en la Guerra Civil, junto con fotografías familiares, ya que su familia vivió allí, en esta misma calle, por varias generaciones y fue testigo de la destrucción desencadenada por la aviación franquista y los morteros del vecino frente de la Casa de Campo.

Por último, una vez producido todo el material y subido a un canal privado de Youtube, Nieves ha pegado adhesivos con códigos QR a lo largo de Martín de los Heros, de manera que las personas que los escaneen podrán acceder a los vídeos, sólo a uno por cada QR. La información también se ha difundido por Facebook e Instagram y podemos ver todo el material reunido en su web: http://www.nievescorrea.org/una-historia-de-fantasmas

No es la primera vez que Nieves Correa incursiona en la memoria. Desde 2020 viene realizando la serie Actos de Memoria, en uno de los cuales (Actos de Memoria: MNCARS, producido dentro del programa 2021 del [M]UMoCA) utilizaba también adhesivos con un código QR para acceder a un vídeo. El último de ellos, (Doce) Actos de Memoria, se encuentra expuesto en estas fechas en el Museo Esteban Vicente de Segovia, hasta el 5 de junio.

Lo que han hecho estos tres proyectos es introducir el arte en nuestros nuevos canales de comunicación, pero no en forma de documento como es más habitual, sino aprovechando sus recursos, utilizando la propia naturaleza de las nuevas tecnología en su favor. De la misma manera que stickers, hashtags y QRs se han incorporado a nuestra vida y han sido casi inmediatamente asumidos por la cultura popular, el arte, gracias a creadoras como las aquí citadas, se puede infiltrar en los instrumentos que las todopoderosas industrias de Internet han inventado para monetizar nuestros afectos y darles otro sentido. Literalmente, darles la vuelta para convertirlos en espacio de disenso, de resistencia, de diversidad e incluso de memoria, pese a la «fungibilidad» inherente del medio.

(1) Los NFTs son identificadores, algo así como un vale (de token en inglés) que permite señalar un “bien” digital, un archivo, como único y de manera permanente. Eso posibilita su venta y sirve para garantizar la propiedad. Dicho muy burdamente son una especie de certificado. La solvencia de quien certifica, la seguridad de la blockchain y la permanencia del medio en que se gestiona, son otra cosa.

Ramón Mateos en la colección [M]UMoCA

Nueva entrada en la colección:

Ramón Mateos
Descripción: fragmento de una de las piezas que forman parte de la instalación R de resistencia o la vergüenza de ser hombre. Procede del primer vaciado de escayola para la elaboración de los moldes. Dañada durante el proceso de fraguado. Representa un dedo, probablemente el índice de la mano derecha.
Fecha: 2018
Medidas: 80 x 30 x 20 mm.

Más información sobre la pieza de referencia:
https://www.galeriafreijo.com/es/artistas/representados/ramon-mateos
https://youtu.be/Cyoo1MD9TVM