NOTA SOBRE EL TRABAJO DE SANTIAGO SIERRA
EN LA 50 BIENAL DE VENECIA
Tomás Ruiz-Rivas
replica21.com México 2003



EL OJO ATOMICO

Textos

2003-2007





El equipo del Ojo Atómico, formado en la actualidad por Tomás Ruiz-Rivas y María María Acha, asistió a la inauguración de la 50 Bienal de Venecia el pasado mes de junio. María María, de nacionalidad peruana, consiguió entrar en el pabellón español, violando las condiciones de acceso impuestas por el artista hipano-mexicano Santiago Sierra. Esta acción ha motivado la reflexión que sigue.


Creo que todos los que puedan leer este texto conocen ya el trabajo presentado por Santiago Sierra: un muro de acabado tosco cierra la entrada principal del pabellón español en los Giardini; en la entrada posterior, una pequeña puerta de servicio, un vigilante uniformado solicita a los visitantes que muestren sus pasaportes o documentos nacionales de identidad, ya que la nacionalidad española es requisito indispensable para acceder al pabellón. Dentro se han dejado los residuos resultantes de la construcción del muro. La pieza pretende criticar la política de extranjería del estado español.


En este proyecto Santiago Sierra se aparta del rigor marxista que caracteriza su obra desde principios de los 90. El muro que cierra la entrada no se presenta como el resultado de un trabajo alienado, cuantificable en horas/hombre, y que genera grandes plusvalías al ser trasladado como obra de arte al ámbito de la superestructura de la sociedad capitalista (superestructura que a su vez se financia con las plusvalías que genera el trabajo alienado). Este muro es un objeto metafórico: representa las vallas y muros materiales que se están construyendo en Ceuta y Melilla, así como los inmateriales, las leyes, que dificultan la entrada y establecimiento de inmigrantes pobres en España. El muro es una escultura en el sentido más tradicional.


Como Santiago ha sido un artista de coherencia extrema, el cambio de registro da que pensar.


Además hay un desajuste entre el “funcionamiento” de la obra y la realidad jurídica que prentende criticar. Desde 1995 las leyes que regulan la entrada de extranjeros en España están sometidas a los acuerdos firmados en el tratado de Schengen, que creó un espacio sin fronteras interiores (son miembros del espacio Schengen Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Italia, Grecia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Portugal, España y Suecia). Por ejemplo, si un ciudadano peruano, como María María, quiere venir de vacaciones a España, solicitará una visa Schengen, no una visa española. Si este ciudadano peruano viola su visa Schengen, exceder el tiempo de estancia concedido es una de las causas, no podrá entrar en ningún estado del espacio Schengen en tres años. También se da el caso de que si un ciudadano peruano quiere venir de vacaciones a España, y dispone de recursos suficientes, puede evitarse las colas y trámites de los consulados españoles solicitando su visa en cualquier otro consulado Schengen. Por regla general la única condición es tener un billete de avión con ese destino, con lo cual sólo necesita viajar en un vuelo con escala en el país elegido.


El argumento empleado por María María para entrar en el pabellón español se basó precisamente en el desajuste indicado. Si ella es residente en España, disfrutará de los mismos derechos que los españoles en lo que a acceso y permanencia en territorio español se refiere. El guardia no tuvo argumentos que oponer y franqueó la puerta. Extendiendo el razonamiento tendrán el mismo derecho todos los ciudadanos del espacio Schengen, y posiblemente todos aquellos extranjeros que o son residentes, o no necesitan visa, o disponen de su visa. O sea, todo Dios.


El desajuste refuerza el carácter metafórico del muro. El artista selecciona arbitrariamente quién puede entrar en el pabellón, quizás para representar, de nuevo metafóricamente, la arbitrariedad de las leyes de extranjería. La realidad es que la pieza, aunque muy efectista, resulta cómoda para las autoridades españolas, ya que su responsabilidad en estas cuestiones es parcial. El muro, como señaló el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, unos dias antes de la inauguración de la Bienal, lo está construyendo Europa, toda Europa.


Por otra parte la Bienal de Venecia es el primer gran evento cultural después de la guerra de Irak. No hace falta ser un experto en propaganda política para sospechar que el gobierno español ha querido aprovechar la ocasión para mejorar su imagen, muy dañada en toda Europa tras la traición cometida contra sus socios comunitarios y el inexplicable alineamiento con Estados Unidos y el Reino Unido para la invasión y expolio de Irak. Como Santiago Sierra ya fue invitado a una exposición en la anterior edición de la Bienal, y su trabajo tiene una fuerte carga política, además de la base teórica marxista, parece más indicado para una operación de imagen que otros creadores españoles que han pasado por el mismo pabellón, como Ana Laura Aláez


Juntando los tres elementos de esta reflexión – incoherencia con el resto de la trayectoria del artista, desajuste del funcionamiento de la obra con la realidad criticada y necesidades políticas del gobierno español – podríamos llegar a la conclusión de que el objetivo de la pieza es en realidad proporcionar unas briznas de legitimidad cultural al gabinete de Aznar. En este caso el título más adecuado sería, si se me permite una broma, “Artista rojo remunerado por gobierno facha por efectuar una operación de mejora de imagen durante 143 días”. Pero esto es una especulación, ya que desconozco las intenciones reales de Sierra. Creo que en este caso es mejor dejar que las conclusiones surjan de la imaginación o la capacidad de razonamiento lógico de cada uno.