EL IAC Y EL MATADERO
Comunicado - 2007



EL OJO ATOMICO

Textos

2003-2007





“Os van a matar, estáis ahí, echad una ojeada al matadero de cerdos.
Hay edificios viejos, pero vosotros tenéis un nuevo modelo.”
Berlín Alexanderplatz
Alfred Döblin

 

Desde que leí el comunicado del llamado Instituto de Arte Contemporáneo, de 23 de febrero, qué buen día por cierto, sobre las des-políticas culturales del Ayuntamiento de Madrid, no puedo quitarme de la cabeza ese capitulo de Berlín Alexanderplatz donde Döblin describe minuciosamente el viejo matadero de la capital alemana. La página y media del comunicado me produce tanta desazón como el renovado interés de la Comunidad de Madrid por nuestra precaria escena alternativa. Incluso he pensado en adaptar esa figura tenebrosa del homo sacer al arte, un arte sacer, sacrificable, ejecutable, en el sentido de “asesinable”, para explicarme a mí mismo el sitio excepcional que es sistema artístico español, o en particular del madrileño. Y digo excepcional no por sobresaliente, sino por ajeno, por ese estar fuera del curso de la historia, en su particular estado de excepción. Ni progresista ni reaccionario, sino un campo donde no alcanzan la razón ni sus leyes. Un lugar donde no existen el sentido ni la posibilidad de crearlo. Éste es el panorama que en mi opinión – que no deja de ser optimista, porque de otra manera no gastaría mi tiempo en estos esfuerzos – nos han dejado tres décadas de políticas culturales descabelladas, y que el sutil talento poético de nuestro alcalde ha sabido sintetizar en la bella metáfora del Matadero.


“Pero esto no es ninguna novedad” estará pensando el lector. “Todos sabemos que las políticas culturales de Ayuntamiento, Comunidad y Estado desde los años 80 – las de antes no hay que considerarlas políticas – han sido erráticas y han dañado muy profundamente el tejido cultural de nuestra sociedad.” Y respecto al Matadero el lector añadirá: “También sabemos todos que el Matadero es un malabarismo más de nuestro hábil alcalde, que hace dos años presentó 85.000 metros cuadrados de naves sin suelos, electricidad, puertas, ni ventanas (ni baños de verdad, como recordarán los que fueron a la fiesta de presentación) como el gran centro cultural de Madrid, con la premonición, que no promesa, de que alguien, en algún momento, se rascará el bolsillo para aportar los 110.000.000 €, sí, ciento diez millones de euros, que se estiman necesarios para poner el tinglado en marcha.”


En efecto, el Matadero no tiene más contenido, y que me perdone su directora de los mismos, que legitimar las fuertes inversiones en obras públicas de la zona, que serán seguidas de una gran actividad inmobiliaria y la gentifricación del barrio. El mérito de nuestro prócer no es tanto el utilizar las instituciones culturales como avanzadilla del negocio inmobiliario, eso es ya música vieja, sino hacerlo sin gastar prácticamente un duro. Por el momento los madrileños podemos relamernos con los previsibles placeres intelectuales que algún día nos brindará la Terra Mítica de las Artes, aunque en realidad no haya más que carcasas tan huecas como los cuadernos de Intermediae.


Al final, si la cosa no acaba de arrancar, siempre habrá la posibilidad de ceder para usos comerciales una parte de ese motón de hectáreas construidas, de manera que el pueblo de Madrid tenga por fin sus infraestructuras culturales sin gastar un céntimo de los presupuestos municipales. Como se van a trasladar a esa zona una o más sedes de organismos municipales, y todos creemos que el estadio Vicente Calderón finalmente será derribado, dejando un magnífico solar para viviendas, un gran shopping mall sería rentable y hasta necesario. Esto es una idea mía que no se le ha ocurrido a nadie.


Pero todo esto sigue siendo de dominio público. Lo que motiva mi comunicado es que el IAC se ha dado cuenta de que el Matadero puede pasar de bella metáfora a cruda realidad. Aunque el documento en cuestión no se adentra en una crítica profunda de los desastres institucionales que venimos padeciendo los que nos dedicamos al arte, hay un atisbo de crítica hacia las últimas decisiones del Ayuntamiento, que vale la pena analizar.


El IAC se presenta como una asociación que “pretenden (sus socios) mejorar nuestra red institucional para el arte, promover la progresiva implantación de buenas prácticas, crear las bases para una mayor proyección del arte español en el exterior e impulsar una nueva percepción social del arte actual” Las intenciones son muy buenas, pero a lo largo del texto vamos a encontrar algunas contradicciones que nos harán sospechar de la capacidad real del instituto para alcanzar sus objetivos. La primera sorpresa nos la da una especie de loa a Madrid que abre el tercer párrafo: “Madrid es una gran ciudad, tiene una consolidada red artística comercial, la mayor concentración de artistas del estado, un público iniciado en el arte contemporáneo, escuelas y facultades de bellas artes..."


Yo creo que el mejor favor que se le puede hacer al arte madrileño, y al español en general, es acostumbrarse a hablar con la verdad en la boca. El párrafo debería decir:


“Madrid es una ciudad que a lo largo de varias décadas a engordado caóticamente, bajo el imperio de la especulación inmobiliaria, sin que haya habido la menor preocupación por parte de las instituciones y de los beneficiarios de la industria del ladrillo de armonizar ese desarrollo con políticas sociales y culturales que humanicen el tejido urbano resultante, favorezcan el asociacionismo y la participación, y asuman la crítica como una necesidad del sistema. Tiene una consolidada red artística comercial, que depende para su supervivencia de un mercado institucional, porque las clases hegemónicas madrileñas siguen abominando el arte contemporáneo, como pudimos comprobar cuando se publicaron las fotos del chalezote del príncipe, y no existe una educación artística en el colegio que facilite el acceso de las clases medias a la creación actual. La mayor concentración de artistas del estado, en las peores condiciones imaginables, porque apenas un 5% de ellos vive de su obra, carecen de un sistema de apoyo a la creación, tanto a nivel estatal, como autonómico y municipal, y son víctimas con frecuencia de abusos por parte de galeristas y marchantes poco escrupulosos (¿cuántos galeristas en Madrid suscriben contratos para las exposiciones y entregan recibos de depósito de obra?), además de no disfrutar todavía de una regulación actualizada sobre sus derechos de autor. No hay un público iniciado en el arte contemporáneo, debido entre otras cosas a que los últimos 25 años ARCO ha substituido, a costa de recursos públicos, a la red institucional que ahora el IAC reclama, paradójicamente con Rosina Gómez-Baeza como presidenta, y ha impuesto la percepción del arte como espectáculo y bien suntuario, que no sé si tendrá que ver con eso de la “nueva percepción social del arte”.


Y por último, aquí se me corta el aliento, ¿quién puede decir que Madrid “tiene escuelas y facultades de bellas artes”? ¿Es posible que entre los 150 socios del IAC no haya ni un solo ex-alumno de la facultad de Bellas Artes de Madrid? Yo estuve en ella como 10 años, sin conseguir acabar finalmente la carrera, y lo que me ensañaron fue a pintar uvas, ¡racimos de uvas! La presentación de este pueblote mesetario donde nos ha tocado vivir debería acabar diciendo: Madrid necesita con urgencia una escuela libre de arte, desde donde se estimulen la creación y el debate, se produzcan diálogos intergeneracionales, y se establezcan redes internacionales de trabajo.


Bueno, todo esto ofrece, según el IAC, “Unos cimientos firmes para ser una gran capital artística”. Sin duda y así nos va.


El resto del documento comenta varios puntos de los nuevos planes del ayuntamiento para la destrucción definitiva del tejido cultural madrileño, y aunque no quiero entretenerme en lo anecdótico hay algunas cosas conviene comentar. Sorprendentemente el documento no está en la web del IAC, pero sí sus reseñas de prensa (http://iac-prensa.blogspot.com/).


Cuando se habla del espacio destinado a cultura en el Palacio de Comunicaciones, vulgo Correos, en Cibeles, se asume del futuro centro de interpretación de la ciudad que sus “fines serían más propagandísticos y políticos que propiamente culturales”. Es decir, se asume la corrupción como un mal estructural de la gestión pública de la cultura. Una institución que podría ser clave en la producción de pensamiento crítico, además en un tema tan importante como “la ciudad”, está limitada a servir de amplificador de la propaganda política debido a la imposibilidad de que nuestros gobernantes actúen con honestidad, rectitud y respeto a las ciencias y las artes. Toma ya. ¿Y no estará pasando lo mismo con las demás instituciones e iniciativas culturales, que sus fines son sólo propagandísticos y políticos, así la cultura sea un derecho y una necesidad? Ahora sí que me he preocupado.


Pero por otra parte al final del texto expresan su apoyo a Madrid Abierto, lo cual deja claro que en lo que respecta a la ciudad el IAC, pese a la importante trayectoria de algunos de sus miembros, se inclina por un arte de tipo ornamental, vinculado a la promoción turística, que eluda la crítica o las posiciones conflictivas, para ofrecer a los madrileños un entretenimiento visual que renueve cada año las monumentales perspectivas del paseo del Prado, Recoletos y Alcalá. Yo creo que este tipo de intervenciones decorativas las harían mucho mejor arquitectos y diseñadores, pero aquí entramos en la difícil cuestión de trazar la raya entre las artes aplicadas y las artes visuales.


También es llamativo el despiste respecto a Intermediae, El IAC cree que se trata de un programa de ayudas a la creación y un centro de recursos, cuando se trata de un programa de arte contemporáneo, subdividido en otros 12 programas, de los cuales uno es el de ayudas a la creación (ver comision_artes_diario_230106.pdf, página 6). Intermediae es EL proyecto de arte contemporáneo del Ayuntamiento de Madrid, y no ha sido presentado como un gran centro de arte, con una personalidad jurídica definida y un contenido, es decir, un proyecto museológico o curatorial, porque el gobierno municipal sabe que la falta de claridad, el oscurantismo y una bien calculada desinformación le dan libertad de maniobra y dificultan la crítica, como se hace evidente en la confusión que padece el IAC, que además “ha mantenido en los últimos meses dos reuniones con Carlos Baztán (Coordinador General de las Artes) y Juan José Echevarría Director General de Proyectos Culturales)”.


O no se han enterado de nada, o les han engañado, o aquí hay gato encerrado. De hecho la mayor parte de sus reivindicaciones está cubierta por Intermediae, con lo cual su crítica a la política cultural madrileña queda invalidada. Porque reclaman un gran centro de exposiciones, un plan de intervenciones en espacios públicos, un espacio permanente para instalación y video en el Matadero, etc., y ya está previsto que Intermediae desarrolle “un programa de exposiciones; un programa de acciones e intervenciones; un programa de educación; un programa joven; un programa para colectivos;” entre otros.


En resumen, la crítica que se hace en este documento es justificada, pero insuficiente y superficial. “El Ayuntamiento está realizando una gran inversión en nuevas infraestructuras pero, como es costumbre, los contenedores se crean sin un objetivo bien definido y sin atender a las necesidades reales.” Desde luego, es obvio que las reformas arquitectónicas y los cambios de nombre no aportan nada, pero lo que nos debe importar es saber por qué pasa esto, y cómo podemos atajar el mal. Porque estamos ante un problema: la cultura en Madrid ha entrado en regresión, estamos retrocediendo en infraestructuras, tejido asociativo y calidad de la oferta en artes visuales. Creo que todos vemos como en otras comunidades autónomas poco a poco, y sin duda con notable esfuerzo, se van creando instituciones sólidas, desarrollando programas internacionales, se afianzan festivales, se articulan sistemas de apoyo a la creación… Sin duda hay muchas cosas mal hechas y con vicios similares a los de aquí, pero ¿por qué en Madrid no podemos tener un gran centro de arte como el Macba, en lugar de Intermediae (la desproporción es notable), y varios pequeños, como el Espai d’Art de Castellón, instituciones como el Cendeac de Murcia, Hangar o CCCB de Barcelona, Arteleku de Donosti, o festivales como Loop o Zemos…? ¿Por qué la sociedad civil no ha sido capaz de generar este tipo de tejido institucional? ¿O ha habido una política intencionadamente represora, que ha impedido este desarrollo?


El arte contemporáneo en España ha focalizado conflictos profundos que la sociedad no es capaz de enfrentar, pero los ha integrado como sintomatología, no como discurso. En un inconsciente colectivo conflictuado, no en un debate racional. Puede que se deba a la importancia de las artes visuales en la construcción de la modernidad, cuyo aparato simbólico está fuertemente asociado a la vanguardia artística, puede que influya la utilización que el franquismo fue capaz de hacer de los movimientos más significativos de los años 60, y puede que haya raíces mucho mas profundas, que nos lleven hasta el modelo de estado de Isabel I, la contrarreforma y la crisis del Imperio Español. Pero bajo todas estas des-políticas con que nos castigan las administraciones públicas está la desorientación de una sociedad que no ha sabido reinventarse tras la dictadura. Y si por una parte es cierto que una buena parte de esta sociedad no tiene las menores ganas de reinventarse, también lo es que no ha habido ningún impulso institucional o civil en este sentido.


Una responsabilidad del intelectual, categoría en la que incluyo a los artistas, es desmontar las construcciones simbólicas del poder hegemónico, y contribuir a generar otras en las que la sociedad se identifique desde parámetros renovados. Aunque en este comunicado he evitado las “citas cultas”, para resumir voy a remitirme a una de Susan Buck-Morss en el ensayo titulado Critical Theory and Islamism: “Mientras que la mayoría de la gente trabajadora debe aceptar un mundo dado, para poder atender a sus asuntos cotidianos, los intelectuales sirven mejor a la sociedad dando un paso atrás y alejándose del mundo lo suficiente como para cuestionar los discursos hegemónicos que lo justifican. Esta es la esencia de todas las variantes de la teoría crítica. Proveen experiencia cognitiva en un nivel de reflexión (llamémoslo conocimiento mejor que información) que tiene el poder de desvanecer la ilusión de inevitabilidad de los sucesos, demostrando que es cómo los concebimos nosotros lo que les da el aura de destino ineluctable.”


Del mismo modo que en la cumbre sobre museos organizada por la ADACE en Baeza no se planteó siquiera el papel represor de las instituciones culturales actuales, y en el homenaje a la Movida organizado por la Comunidad de Madrid no se debatió el carácter reaccionario que tuvieron las transformaciones simbólicas de aquel momento, el comunicado del IAC flota sobre los sinsentidos de la política cultural del Ayuntamiento de Madrid sin hacer preguntas de fondo. Porque la cuestión clave en la política cultural del Ayuntamiento no atañe al nombre y volumen de los contenedores, ni a la orientación más o menos moderna de los programas. La cuestión es si el consistorio va a ser capaz de superar las taras del franquismo y aceptar que la energía creativa de la sociedad se desarrolle en libertad.


Pero también hay que decir que si “los contenedores se crean sin un objetivo bien definido y sin atender a las necesidades reales” tal vez sea porque desde el mundo del arte no se han propuesto objetivos ni planteado necesidades, aparte de las puramente económicas. ¿Apoyaría el IAC que en contextos de arte contemporáneo se discuta sobre el papel de la Iglesia en la cultura española? ¿Sobre la transformación de los aparatos de terror estatal en mecanismos de exclusión social? ¿Sobre la construcción (o no) de la memoria histórica en el arte? ¿Sobre la figura de la víctima en el discurso político conservador? ¿Sobre la creación y criminalización de un “otro” racial y cultural en el inmigrante latino, tal como se está haciendo en estos momentos? ¿O sobre Madrid en los términos que hemos visto al principio? Etc, etc, etc. Es más fácil interpretar la cultura española por lo que calla que por lo que dice. Y siendo un Instituto, que pretende además alcanzar cierta representatividad de la comunidad artística española, ¿por qué no hace el esfuerzo de producir este tipo de conocimiento? Sería mucho más útil que reclamar más metros cuadrados de museo para más malos programas de arte.


Lo disparatada que resulta la sola idea de que el autodenominado Instituto de Arte Contemporáneo promueva un espacio discursivo de estas características, o que las instituciones lo consientan, nos devuelve a la cruda realidad: la mejor solución para los problemas del arte en Madrid, y ahora dejo los diagnósticos al albedrío del lector, sigue siendo irse de aquí.