IN MEMORIAM SHOPPING ROOM



ANTIMUSEO

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2012-2013





Facebook ha tenido la amabilidad de celebrar el cumpleaños del Antimuseo el pasado 13 de noviembre. La efeméride corresponde en realidad a la inauguración del primer espacio que tuve en Madrid, Valgamedios, en la calle del mismo nombre, en una día como ese de 1990. Mucho ha llovido en este tiempo, y sin duda, como decía el poeta, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

 

A María María y a mí nos ha parecido que la afición de Facebook por las conmemoraciones es un buen pretexto para rescatar del olvido algo que ha quedado arrinconado, apartado del relato de nuestras experiencias, que pone el acento siempre en las que tienen que ver con el arte, aunque se trata de una de las más entrañables y enriquecedoras que hemos tenido: Shopping Room, la feria de diseño del Ojo Atómico, cuyo nombre es el fruto ilegítimo de un cruce entre las expresiones Shopping Center y Project Room. Se presentaban sobre todo, aunque no exclusivamente, productos de moda y complementos, elaborados artesanalmente por las propias diseñadoras. Uso el femenino porque el 90 % de las participantes eran mujeres. Para muchas fue un canal de difusión importante y las ayudó a conseguir financiación. Se celebraba dos veces al año, con cinco días de duración, y entre 2003 y 2007 llegó a haber nueve ediciones.



Cacapiluca. Foto Theda Acha.


Shopping Room no formaba parte del programa del Ojo Atómico.  Era una de las actividades que ideamos para obtener recursos y preferimos desvincularla completamente de los proyectos artísticos, porque era muy difícil encontrar un punto de conexión adecuado. O más bien, eso podría haber sido la propuesta de un artista pero no un de un curador. Lo que ocurrió fue que la feria no sólo cumplió los objetivos económicos, ya que producía unos diez mil euros limpios al año, sino que generó más vínculos con la sociedad que ninguna otra actividad que hayamos hecho en el local de la calle Mantuano.


Era un momento especial. Personalmente lo recuerdo con más cariño que al desgastante programa abierto, donde acogíamos a artistas jóvenes qeu a veces ni entendían ni se interesaban por nuestro proyecto, o que las exposiciones internacionales, que requerían meses de engorrosas gestiones para que luego el llamado mundo del arte las ignorase. Los mejores momentos siempre se relacionan con lo humano, y de aquellos años me quedo con las noches de cañas y discusiones sobre arte con nuestros invitados, Tadej Pogacar, Hans Peter Wörndl, Alain Declercq, los miembros de Big Hope y N55, o Martin Krenn, y cada edición de Shopping Room.


La mecánica de trabajo era sencilla pero eficaz. Meses antes María María seleccionaba a las y los 33 participantes. Nadie podía repetir más de tres veces seguidas. Un mes antes pagaban la cuota, que si no mal recuerdo no llegaba a los 100 euros, y con eso editábamos un folleto de dos páginas y miles de flyers, que las propias diseñadoras se ocupaban de repartir en sus respectivos círculos sociales. En vez de guardarse celosamente sus clientes, como nos pasó con Ediciones Ilimitadas, las participantes de Shopping Room los compartían y gracias a eso se llegó a una masa crítica de público capaz de generar un efecto de llamada más allá de los conocidos directos. El fin de semana anterior podían empezar a llevar sus cosas y montar los stands. Dado que eran diseñadoras y diseñadores, uno de los requisitos fue que se esforzasen en la decoración de sus puestos, instalando muebles, fondos sobre las paredes y lámparas que contribuyesen a modular el espacio. En pocos días las texturas ásperas e industriales del Ojo Atómico se transformaban en un paisaje multicolor, cálido y hospitalario, animado por la música de Deli.Kolder.



Lípari



Foto Theda Acha

 

El resultado era que nosotros obteníamos fondos para mantener abierto el local y los proyectos de todas ellas recibían un fuerte impulso. Sobre todo económico, porque se vendía bastante y a partir de la tercera o la cuarta edición empezaron a venir tiendas de toda España. Pero también en publicidad, porque había mucha cobertura de prensa, y en experiencia. Por no hablar del intercambio de información sobre materiales, proveedores o técnicas. Y convivíamos…

En las nueve ediciones casi no hubo incidentes desagradables. Recuerdo que una vez una chica dejó el dinero de las ventas de todo el fin de semana en su puesto y se fue a comer o a comprar algo. Cuando volvió se lo habían robado. Posiblemente estaba a la vista y alguien aprovechó ese momento de relajación que había a la hora de la comida. Estaba desesperada y nosotros no podíamos hacer nada. Pero a lo largo de la tarde todas las demás diseñadoras se fueron pasando por su puesto para comprarle algo, hasta que recuperó lo suficiente como para acabar la feria sin pérdidas.

Shopping Room tenía miles de fans, pero no contaba con el afecto de intelectuales y artistas. Para los de la izquierda de la “multitud” y la “máquina capitalista” todo lo que tiene que ver con moda está en el lado de los enemigos, porque el intelectual comprometido tiene que vestirse, oh paradoja, de acuerdo con unos lineamientos precisos. Para otros representaba una contaminación del espacio artístico, un enguarrinamiento del white cube que de alguna manera podía amenazar esos mecanismos de legitimación que producen el valor. Y creo que también hay muchos que piensan que los trabajos modestos, como el bar del Ojo Atómico o montar una feria de estas características, tienen algo de deshonroso, porque finalmente uno se mete en el arte para ser o hacer el pijo.

Nuestra feria tuvo varios epígonos, que en su momento apoyamos como pudimos. Lo que no tuvo fueron apoyos. Recuerdo que un día llegaron unos taradetes que, según nos dijeron las propias diseñadorasn estaban seleccionando gente para la pasarela Ego Madrid, que se celebraba en la sala de exposiciones de la Comunidad en Alcalá 31. Por lo visto a última hora habían tenido la brillante idea de organizar un mercadillo con venta directa al público en la planta alta. Nunca se dirigieron a nosotros ni se presentaron. ¿Para qué? Una sociedad puede elegir entre articular todos su miembros de manera que las energías converjan y se multipliquen, impulsando un gran desarrollo, o puede fomentar su división en infinidad de grupúsculos que despilfarren los recursos en enfrentamientos inútiles que impiden cualquier avance, no sólo económico sino en todas las ramas del conocimiento. Con este segundo modelo, a cambio, es más fácil mantener los privilegios de las élites.

Cuando decidimos cerrar el local de Mantuano ofrecimos Shopping Room a Matadero. No lo hicimos con gusto, porque Matadero fue el motivo por el que tuvimos que cerrar casi todos los espacios alternativos y es una institución perversa, pero nos preocupaba haber creado una estructura que era útil para muchas personas y luego liquidarla por motivos que no tenían que ver con su viabilidad. Pero dio igual, porque no nos hicieron ni caso.


Quizás ahora, cuando vemos que todo se derrumba y quien más quien menos está afectado por el cataclismo, es cuando habría que replantearse este tipo de espacios. Espacios de emancipación, pero no sólo cultural sino económica. Hay que pensar no sólo en cuántos recursos necesitamos, sino en la clase de recursos que realmente nos están haciendo falta. Los años de abundancia no han dejado prácticamente nada tras de sí. El dinero no ha servido para tejer sociedad, para articular ni “empoderar” a las personas que por distintos motivos tienen afinidad y pueden agruparse. No se ha producido conocimiento y si se ha hecho apenas circula. Lo más triste del 15M no era ver la impotencia de los ciudadanos ante el sistema monstruoso que se los va a tragar, ni el analfabetismo político de muchos jóvenes, que nunca se imaginaron en el lugar de las víctimas. Lo malo era que se reivindicaba una situación anterior, que se pedía el mantenimiento de un estado de cosas previo. Es decir, que la postura no era revolucionaria, ni reformista, ni innovadora, sino conservadora en el sentido estricto del término. Entre tanto las dinámicas tóxicas de la sociedad española siguen activas y lo que es peor, interiorizadas en todos nosotros.



Tomás y Marta (MDC)

Shopping Room nos enseñó que hay personas capaces de hacer las cosas de otra manera, a ellas dedicamos el 22 cumpleaños del Antimuseo:

 

San Fabrizzio
Monic
Feli
Kurta Wallhi
Pomp
Lolitas

Olmos Design
Seddemal
Still Life
Yohuate
Harmony
Menchumenchu
Arteria Gráfica
Lípari
Andreas
CeQ
Taneke
T-Time
Tiralahilacha
Isouyeah
Larraitz
Carla Núñez
Paradela
Shugoi
Goodshot
NoHayDosSinTres
Sin Intención
Compulsive Behaviour
Celia B
Cristina López
Mi Madre se Llama Lola
Elena Relucio
2os
Noodless
Noon
Less Things
Isabel Moltó
Con Dos Tijeras
Prima Lejana
Yelika
Johann Oniel
Compuesta y Sin Novio
Duna Luna
Pepa Badiola
TTY

Pequeño Poder
Hola Porqué
Maös
Vanessa Soria Lima
Las Bombachas de mi Hermana
Imán
Caleidos
Cecilia Rius
Dechavela
Edith La Sierra
Sara Domenech
HB
Ilo
Moira
Rubenimichi
Niche Factory
Raquel Pelluz
Nena
Manuela Ramos
Scheme
Noon
Naranjas de la China
La Rana Triste
Maja Sorensen
Malevola
Merisú
Norma Echecopar
María Rodríguez
Hoet:
MDC
Ángela Del Peso
Esperanza Bringas
Plushilu
Resina 3
La Kitchenette
Deli.Kolder
Helena
Gyenvy
Muñecas de Trapo
Divynil
Juliana Serri
Trine Gimeno
Cucapiluca
Paola León

Kaya
Invierta en la Bolsa
Les Things
Daniel Cerdán
Malas Lenguas
Czeslaw
Pícara
Lámeri
Nuria González
Bianca García
Vivimos Felices
Prima Lejana
Yeika
Berembaum
Miuky
Conspiradoras
Visa Knowing
Karteristas
Ojalá
Mistela-U
Andrea Milian
Lapsus
No Mueras Nunca
María Mulata
Olula
Se Casa
Mientras Nenas
Mónica Lavandera
Julia Figueroa
Chisposas
Chasx
Iván Martín
Pequeño Poder
Horizontal Life
Dropdead
Ni Pinta Ni Corta
Muñecas de Trapo
Amaranta
Santa Anita
La Bisutery
Casanueva
Marta Romo
Vivimos Felices
Años Luz
Eduardo Medina
Stinga