LOS DEL GRITO #PORLACULTURA



ANTIMUSEO

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2012-2013





Hace ahora casi 10 años María María y yo decidimos retomar el proyecto del Ojo Atómico en Madrid y abrir una nueva sala para exposiciones no comerciales. Casualmente habían pasado también 10 años del cierre del primer local con este nombre. Nuestra intención, más allá de crear un espacio para la experimentación artística, era remover un poco las tranquilas aguas del arte madrileño en aquellos tiempos del “España va bien”. La verdad es que recién llegados de México parecía que las cosas aquí habían llegado a “normalizarse”. Es decir, que ya éramos Europa de verdad y que el arte español iba saliendo de su precariedad y aislamiento, sin necesidad de un esfuerzo mayor que una aparente dinámica histórica “natural” o “automática”. Los artistas estaban contentos, teníamos una estrella, Santiago Sierra, por aquel entonces todavía en su fase ascendente, y los gobiernos de derechas pagaban a los artistas de izquierdas, como al fin al cabo, y por razones que no vienen al caso, ha sido usual en este país.

 

A mí me parecía todo un disparate, porque las prácticas políticas y económicas que sustentaban el sistema del arte no habían cambiado: opacidad, arbitrariedad en la asignación de recursos, amiguismo y siempre una completa falta de rigor. Se estaban repitiendo errores del pasado que consolidaban el poder de los políticos sobre la cultura y que antes o después iban a pasarnos factura a todos. Y está resultando ser una buena cuenta la que ha quedado por pagar.

 

Uno de los puntos más importantes del segundo Ojo Atómico es que planteábamos la necesidad de una democratización de los recursos que la sociedad dedica a la cultura. Y remarco que he dicho la sociedad, no los políticos, pues el dinero no es suyo sino nuestro. En los años siguientes nos aliamos con Liquidación Total para abrir canales de diálogo con las dos administraciones locales, Ayuntamiento y Comunidad, con una propuesta muy elaborada para crear en Madrid un sistema de ayuda a la creación (ver Plan Director en Comunicados)

 

La originalidad de nuestra postura es que no estábamos pidiendo nuestro pedazo del pastel, sino una ley que garantizase a todos los madrileños el acceso a los recursos en igualdad de condiciones. Una ley que debía estar respaldada por las dos administraciones locales y dotada de medios a través de un consorcio, pues era y es absurdo que Comunidad y Ayuntamiento no armonicen sus políticas culturales. Nos parecía un escándalo que personajes como Carlos Urroz, hoy director de ARCO, o Alberto Arnaut, presidente del grupo empresarial La Fábrica, tuviesen abierta de forma permanente la puerta de los despachos de los directores generales y demás jefazo/as, mientras que toda la base creativa de nuestra ciudad seguía trabajando en la miseria y sin canales administrativos para competir por esos mismos recursos. Recursos que son públicos y que por lo tanto deberían ser accesibles a toda la sociedad, sin necesidad de que haya un conocimiento previo entre el agente cultural y el político encargado de su administración. Y cito estos nombres por poner dos ejemplos paradigmáticos de los últimos años, y porque son unos caracteres muy arraigados en la cultura española, por desgracia, pero sin duda hay más y quizás hasta mejores.

 

De nuestros esfuerzos de entonces salieron las Ayudas a la Creación del Ayuntamiento, que al principio tenía forma legal de premio y se gestionaba desde el fracasado programa Intermediae, y que finalmente, cuando nosotros ya habíamos tenido que batirnos en retirada, imagínense por qué, ha acabado por asumir todos los puntos que desde un primer momento habíamos puesto sobre la mesa: forma legal de subvención, separación de artistas y agentes, normas de justificación... Pero esto es otra historia, y las anécdotas más jugosas están recogidas en los Comunicados que entonces escribí y distribuí por e-mail.

 

Para nosotros lo importante era que la cultura sirviese para desarrollar y fortalecer el tejido social, porque esa es la única fuerza democratizadora capaz de corregir esta deriva perversa que parece inherente a nuestro sistema político y económico. El momento, a principios de los 2000, era bueno, porque había recursos y una generación joven que quería inventar nuevos modelos. La coexistencia, por unos pocos años, de LT, Los 29 Enchufes y el Ojo permitía imaginar una configuración muy diferente del arte en Madrid. Era el momento para que los proyectos de gestión independiente se desarrollasen vinculados a territorios específicos, colaborando con asociaciones de vecinos y de inmigrantes, o con los Institutos de Enseñanza Media, etc. Para nosotros, y creo que interpreto bien la postura de los miembros de LT, era el momento para dar ese grito por la cultura y cambiar un modelo basado en el espectáculo (Noche en Blanco, PhotoEspaña, incluso ARCO), las infraestructuras gigantes (sobre todo Matadero, pero también el Reina y luego CentroCentro) y la gestión opaca, por decirlo de una manera suave, por otro en el que el arte revirtiese a la sociedad y contribuyese a esa regeneración constante que la democracia necesita para funcionar y ser legítima.

 

El 15 de mayo de 2007 se firmó un Manifiesto de los Agentes Artísticos Independientes de Madrid, que suscribieron diez asociaciones, casi todas las que eran relevantes en aquel momento, menos Off Limits, que sólo se sumó al movimiento cuando los elementos más conflictivos ya habíamos sido aislados y la plataforma había pasado de la reivindicación política a la económica, que luego se materializó en una subvención nominal para sus miembros.

 

El meollo del asunto se resumía en dos breves párrafos:

 

...En resumen, Comunidad y Ayuntamiento gastan en cultura 537.210.000 euros al año. Mucho dinero.

Pero las convocatorias abiertas a la ciudadanía, las que permiten a los diferentes agentes de la creación artística contemporánea aplicar para obtener recursos públicos, suman en total de 392.000 euros, el 0,07 del total. El resto va a dedo; sobran comentarios.

 

La reacción de las autoridades fue inmediata, y también la de los llamados agentes independientes, que en su mayor parte se retractaron del texto en los días posteriores. Las asociaciones profesionales en general no respaldaron ni el manifiesto ni el movimiento que encarnábamos, creo que sólo La Unión se solidarizó con nosotros. Y AVAM, aunque en esa época ya había caído en la trampa de las grandes infraestructuras, con un centro de recursos en algún lugar perdido de Getafe, el cual evidentemente nunca se terminaría y donde la asociación de artistas de Madrid ha quedado encallada. Tampoco el PSOE o IU se hicieron eco de nuestras reivindicaciones. Mientras los responsables de cultura del PP nos machacaban con tácticas políticas que dan vergüenza ajena, ellos debían estar, como ahora ante el rodillo neoliberal, en el baño. Porque los políticos también cagan, o la cagan, o se cagan, o yo qué sé lo que hacen.

 

Nosotros cerramos a los pocos meses y nos fuimos a otro lado. Desde entonces hemos procurado mantenernos al margen de lo que ocurre en Madrid y la verdad es que vivimos mucho más felices.

 

Ahora hay una situación muy especial, que me ha hecho salir de mi perezoso retiro, porque aunque esto sea inútil, uno tiene a veces la necesidad de comentar las cosas. Los recursos que fueron tan abundantes han desaparecido y el mundo del arte, todo el mundo de la cultura, se estremece y empieza a movilizarse. Pero en contra lo que podríamos esperar, nadie está exigiendo una reforma profunda de los mecanismos de gestión de los recursos públicos, un “ir mucho más allá” frente al “volverse más atrás” que practica el PP, sino simplemente que se mantenga el viciado sistema que hemos soportado los últimos 10 o 15 años. Viendo las proclamas tengo la sensación de que al mundo de la cultura le pasa como al PSOE, que no está de acuerdo con las políticas neoliberales del gobierno, pero tampoco quiere impulsar una regeneración profunda en su seno, en la que a lo mejor hay muchos que tienen más que perder que con los recortes.

 

Particularmente emotiva es la participación de galeristas en las protestas, porque si algo sabemos es que este sector ha resplandecido siempre por su transparencia fiscal. Y yo personalmente, pese a que conozco a varios miles de artistas visuales, nunca he oído hablar de abusos, impagos o arbitrariedades que destrocen su carrera por parte de los galeros, como los llamamos en México. Es una espantosa crueldad que les suban el IVA a estos paladines de la cultura.

 

También es entrañable que los que no se negaron a dirigir museos absurdos, ni a cobrar de ellos honorarios abusivos, o los que promovieron proyectos de cientos de miles de euros, cuando no millones, proyectos que no han dejado huella en nuestra historia, sino cicatriz, en resumen, todos lo que no se resistieron a agarrar lo que pudiesen en el banquete de la burbuja, ahora protesten sonoramente o en el mejor de los casos mantengan un perfil bajo en espera de nuevas oportunidades.

 

Nadie se manifestó públicamente contra el proyecto de Matadero, concebido como un absurdo parque temático de las artes y que entre otras cosas ha contribuido a arrasar el parvo tejido cultural de Madrid. Nadie protestó contra la peregrina idea de construir en Móstoles el Museo de Arte Contemporáneo de la Comunidad de Madrid, llamado CA2M, en uno de esos alardes de populismo barato de Esperanza Aguirre. ¿Quién hizo los estudios previos? ¿Cuándo se realizaron consultas con el mundo del arte? ¿A quién se le ocurre poner la institución de arte más importante de la Comunidad a 25 kilómetros de su centro social, económico y cultural? ¿Se imaginan el MACBA en Manresa? ¿Se trataba de algo más que de legitimar Metrosur, tan ruinoso para los contribuyentes como lucrativo para las empresas constructoras? Bajo un supuesto gesto democrático y descentralizador, el mensaje para los que nos dedicamos al arte fue claro: Que se jodan, que nos jodamos todos.

 

En fin, de aquellos polvos estos lodos.

 

No quiero decir con esto que en Madrid no haya personas de valía y honestas. O proyectos como Tabakalera, que aunque no es precisamente santo de mi devoción debería profundizarse y expandirse más allá del formato que ahora tiene en Lavapiés. Pero Madrid es la corte, y aquí se viene a hacer la pelota a los poderosos y a preguntar “¿qué hay de lo mío?”, no a hacer cultura. Cuando empecé a dedicarme al arte, allá por el año 90, el mejor consejo que se le podía dar a un joven artista era que se fuese de aquí. Cuando yo mismo decidí huir, en el 96, el mejor consejo para ese artista seguía siendo que lo intentase en el extranjero Incluso recuerdo haberle pagado el boleto a uno para que cruzase el charco. Cuando volví en 2000 el mejor consejo para un creador, joven o ya no tanto, no era otro que “márchate lejos”. Y cuando en 2007 cerré el segundo Ojo Atómico, ya convertido en Antimuseo, el mejor consejo que podía dar a un artista era que saliese de aquí por pies. Ahora en 2012 oigo que los artistas se van a tener que ir de España para poder desarrollar su carrera. ¿Están de guasa? Esta crisis no nos ha abandonado nunca y no se deriva del ladrillazo ni del crack financiero o la deuda, sino de esas estructuras sociales y prácticas políticas que todos vemos pero ninguno enfrentamos. Y por desgracia no nos va a abandonar ni aunque se reviertan los recortes o se vuelva al IVA super-reducido.

 

 

El lugar donde Alberto Ruiz-Gallardón soñó acabar con la cultura.