COMENTARIOS A ALAIN BADIOU



ANTIMUSEO

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2012-2013





Extraordinario el texto de Alain Badiou, Las Condiciones del Arte Contemporáneo, transcrito y publicado en Esfera Pública (1) por Brumaria. Ya sabemos que a Darío Corbeira le “resbalan” (sic) congratulaciones y muestras de apoyo, pero hemos de suponer que Badiou no tiene la culpa.


El texto empieza con una definición negativa del arte contemporáneo, “lo que viene después del arte moderno”, que conduce al autor a desarrollar una breve exposición sobre este último. La rango cronológico del arte moderno no nos queda claro, pero sí sus tres características principales: la novedad de las formas, el movimiento creador y la existencia del genio. Ahora propongo algunas reflexiones, que no pretenden enmendar a Badiou, sino enriquecer la lectura de su charla.


Entiendo que con movimiento creador se refiere a la historicidad de la creación, que se va produciendo en movimientos, luego conocidos popularmente como ismos. Por otra parte pienso que para comprender el Romanticismo es necesario tener en cuenta el tema de la muerte de dios, que aparece por primera vez, creo, en un texto de Jean Paul Richter en 1796 (2), y que es también el transfondo de la conversión al catolicismo de un buen número de pintores alemanes, protestantes originalmente, a principios del siglo XIX. La paulatina desaparición de dios en la epistemología moderna va a conducir, por expresarlo breve y poéticamente, al desvanecimiento de la Palabra, de aquel Verbo primigenio, y con ello a un cuestionamiento del signo que se formaliza en Saussure y que ocupa un lugar tan importante en Foucault y Agamben, por poner dos ejemplos. Es muy difícil entender lo que pasa en el arte del siglo XX sin tener en cuenta la lingüística, de hecho no entiendo porque no se recurre más a ella para explicar los procesos de autonomización y desmaterialización de la obra de arte. También hay que decir que en países donde predomina la educación católica, como España, el desfase epistemológico más que chirriar atrona.


Respecto al Romanticismo como periodo artístico, debo hacer varias precisiones. En Alemania hay tres movimientos literarios que se suceden entre el final del siglo XVIII y el principio del XIX que nosotros, los españoles al menos, tendemos a identificar con el Romanticismo: Sturm und Drang, Klassik y Romantik. El periodo que abarca la pintura romántica, desde Caspar David Friedrich y Philipp Otto Runge hasta Delacroix o Leonardo Alenza es más amplio y no sigue los mismos ritmos en toda Europa. Como es un movimiento que se desborda hacia las artes aplicadas y la moda, y que acaba definiendo comportamientos amorosos y/o insufriblemente babosos, la percepción social del mismo ha terminado por ser muy vaga. Sin embargo es un periodo complejo, muy rico y diverso, en el que por primera vez se produjeron masivamente textos sobre arte, lo cual es otro rasgo de lo moderno, y cuyo estudio en una condición sine qua non para comprender todo lo que sigue después.


Además considero que cuando hablamos de la Modernidad en arte, debemos pensar en tres rupturas distantes en el tiempo que se superponen y empujan como olas, y no sin periodos de resaca: el Renacimiento, con el abandono de lo divino, la introducción de la perspectiva y la autoría individual; el Romanticismo, bajo las premisas que Badiou ha supuesto – no separaría el Neoclasicismo, porque se define con los mismos rasgos – y el Impresionismo, que siempre se deja de lado por su estética tan exageradamente burguesa, pero que constituye el primer movimiento artístico que sitúa, por así decir, la realidad en el interior del ser humano, aunque sea a nivel perceptivo, y abre la puerta a las vanguardias. Creo que Proust ha sido el único que en su momento entendió la profundidad de este cambio y hace años escribí algo al respecto, pero he perdido el manuscrito. En este esquema habría que matizar muchas cosas, porque el desarrollo del arte europeo no es lineal, ni siquiera deberíamos usar el término desarrollo, ni Europa ha funcionado nunca como una unidad coherente. Quizás la Escuela Holandesa, con sus retratos colectivos, anodinos bodegones y apacibles paisajes, augurase ya todo el potencial revolucionario de la burguesía.


A continuación el autor se centra en una descripción del arte contemporáneo que es atractiva por lo sencilla. No simple o simplificada, sino sencilla porque a partir de la enumeración de algunas rupturas del arte contemporáneo con el arte moderno logra esbozar un cuadro que disiparía muchas dudas en los estudiantes de arte que, víctimas de un lamentable sistema educativo, pierden su tiempo rebuscando algo de sentido entre las baratijas intelectuales, en verdad cuentas de colores y espejitos, que les dan sus profesores universitarios.


Pero lo realmente interesante del texto está al final, en las tres críticas del arte contemporáneo que esboza, la ontológica, la estética y la política, y el colofón de los dos últimos párrafos. Como doy por hecho que a estas alturas quien me siga leyendo habrá tomado la determinación de leer el texto de referencia, no las voy a resumir.


La primera, la crítica ontológica, personalmente no me interesa. De la segunda, la estética, me quedo con esta cita: “…quizás buena parte del arte contemporáneo sea un romanticismo escondido.” Sin duda. El Romanticismo está infiltrado en el arte contemporáneo como ese gas que ahora extraen de las montañas machucando las piedras. No se ve ni se huele, pero está ahí. Y esto se debe a todo lo que él, Badiou, alega: la compulsión por la transcendencia, la dialéctica entre lo abyecto y lo sublime, la indiferenciación de la forma y lo informe, pero sobre todo a la tenacidad de la burguesía por salvaguardar su legitimidad revolucionaria. El genio romántico no es otra cosa que la sublimación de la naturaleza abyecta del empresario capitalista, cuya más acabada expresión la encontramos en el traficante de esclavos. Aunque no la única, por supuesto. Recomiendo la lectura de Las Venas Abiertas de América Latina (3) de Eduardo Galeano para quien quiera conocer crudamente cómo se produjo en realidad la acumulación originaria del capital. Bueno, se la recomiendo a todo el mundo, sobre todo a los españoles que todavía siguen sin estudiar en el colegio lo que significó el periodo colonial para Latinoamérica. Deberíamos analizar desde esta perspectiva, la dialéctica genio-sublime vs. empresario-abyecto, la transformación del artista en emprendedor cultural. Obtendríamos interesantes conclusiones.


En la crítica política llega a una conclusión que no es nueva, pero cuya formulación siempre es impactante: el modelo del arte contemporáneo es la mercancía. Entendámonos, no se trata de que el arte produzca mercancías, sino que la obra de arte se ha tornado inmediata, ubicua, circulante, finita, porque debe adaptarse a la estructura de la mercancía, que es la institución central en nuestra civilización. Si lo pensamos bien, los rasgos del cacareado auto-emprendimiento, el nuevo modelo laboral que nos ofrece el capitalismo del conocimiento, nos conducen a nosotros mismos en esa dirección, lo cual debería asustarnos mucho. Es una pena que Badiou no profundice en esto, porque sin duda el arte contemporáneo, como él dice, es la ilustración del capitalismo financiero: lo expresa, lo representa, pero no en lo obvio, que es el mercado y las altas cotizaciones, sino en la desmaterialización de la obra de arte y en la desaparición de cualquier cualidad inherente, incluido el soporte noble que avale su valor fuera de las convenciones de la institución. De la misma manera que el dinero (4) es substituido por el crédito, el objeto artístico es substituido por su legitimación, que no deja de ser una acepción de la palabra crédito.


Pero bien, el arte contemporáneo no sólo es la ilustración del capitalismo financiero, sino también su crítica. Esta ambivalencia es lo que nos mantiene vivos. Badiou se siente incómodo con ella, pero en realidad es lo mejor que tenemos. Sin la ambivalencia tendríamos que situar al arte o en el ámbito de la industria, como la moda o la música pop, o en el de la especulación pura, como la filosofía, o en el de la acción política directa, con severas consecuencias sobre nuestro estilo de vida pequeñoburgués. Además, con cualquiera de estos desplazamientos perderíamos lo que es sustantivo aún hoy en día en el arte, y que es la capacidad de prefigurar el mundo, de darle figura, forma, antes de que la haya tomado histórica y materialmente. Éste es el último punto del texto, y la reclamación o deseo final que Badiou expone: “Pero, asimismo, el arte tendría que decirnos lo que podría ser, como reverso del propio arte. También es una función del arte tener una visión de futuro.” Para el autor es más importante esta proyección hacia el mañana, que quizás él mismo no acaba de comprender del todo, que la denuncia, que las formas del arte político al uso. No reniega de estas, pero añora la otra.


La cuestión, yo le diría para consolarle, es que hasta que el futuro no tome su forma no sabremos quién ni cómo lo prefiguró, y es posible que lo que hoy parece enorme acabe reducido a la nimiedad de la anécdota, y que las verdaderas innovaciones, como sugería Lucy Lippard en un inspirado ensayo (5), estén ocurriendo donde menos lo pensamos. Por eso, también, es tan apasionante el arte.

 

(1) http://esferapublica.org/nfblog/?p=63057 
(2) „Rede des toten Christus vom Weltgebäude herab, dass kein Gott sei“
(3) Circula por Internet una copia en PDF, mal escaneada con OCR pero legible.
(4) Recordemos que hasta hace poco el dinero estaba respaldado por su valor en oro. Sobre el tema del dinero como deuda ver http://youtu.be/zigHDdIosM8 No tiene desperdicio.
(5) Hot Potatos, 1981. Acabo de comprobar que alguien lo ha subido por primera vez en Internet: www.mariabuszek.com/ucd/ContemporaryArt/Readings/LippardHotPotatoes.pdf
Yo lo tengo en la antología Feminist Art-Theory y no sé si está traducido al español. Las últimas frases dicen “We continue to talk about ‘new forms’ because the new has been the fertilizing fetish of the avant-garde since it detached itself from the infantry. But it may be that these new forms are only to be found buried in social energies not yet recognized as art.”