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CREACIÓN ARTÍSTICA Y MEMORIA HISTÓRICA

Tomás Ruiz-Rivas

23.nov.2013
tag: memoria

Este texto fue presentando originalmente en el seminario “Derecho y Memoria Histórica: justicia transicional, políticas públicas y ciudadanía”, organizado en 2010 por el Grupo de Investigación sobre el Derecho y la Justicia de la Universidad Carlos III de Madrid. Se trata por tanto de una conferencia destinada a un público formado mayoritariamente por juristas y politicólogos, y tiene un carácter más divulgativo que crítico. Es también un texto muy resumido, debido al limitado tiempo para las comunicaciones. Sin embargo creo que complementa bien el artículo sobre la exposición del Siluetazo en el MUAC y he decido publicarlo casi sin modificaciones.

La creación artística juega un papel importante en la formación y fijación de sistemas de valores, prácticas sociales e imaginarios colectivos. Esta función se cumple desde un complejo entramado que ha venido a conocerse como “institución arte”, para distinguirlo de una idea abstracta e imprecisa de Arte universal, heredada de la Ilustración, y englobar en la creación a diversos agentes además del artista, como críticos, curadores, galeristas, académicos, funcionarios, y por supuesto al público, junto con una serie de prácticas propias de la institución que están vinculadas a la producción de sentido.

Valle de los Caidos

El Valle de los Caídos. Madrid

Los regímenes totalitarios del siglo XX dieron gran importancia a la estética. En nuestro caso, durante los primeros años de la dictadura franquista se impulsó la formación de un arte fascista, del que es ejemplo la Basílica del Valle de los Caídos, hasta que el pacto con Estados Unidos en 1953 imprimió un giro a aquellas políticas culturales. Hoy sabemos que los servicios secretos norteamericanos financiaron el expresionismo abstracto, a través del Congress for Cultural Freedom, y por eso podemos comprender mejor que sólo dos años después del Pacto Eisenhower llegase a Madrid y Barcelona la muestra “El arte moderno en Estados Unidos”, con obras de Pollock, Kooning, Rothko, etc. y en 1958 “La nueva Pintura Americana” a Madrid. Ese mismo año se presentó la abstracción española en la 29º Bienal de Venecia, con Chillida y Tapies, consumándose la cooptación de la modernidad por parte del franquismo. Fue una operación de imagen que duraría hasta la 37º edición de la bienal, en 1976, cuando estalló el conflicto larvado entre modernidad y dictadura, ya muerto el dictador. La organización de la Bienal negó la participación al estado español, por no ser democrático, y en su lugar incluyó una representación “no oficial” en el Pabellón Central, en la que curiosamente repetían, entre otros muchos artistas, Tapies y Chillida.

Pollock y Tapies

Izquierda obra de Pollock, derecha de Tapies

Hoy el arte español parece un espacio libre de conflictos, al menos politicos, quizás debido a la mercantilización de la cultura que nos ha dejado la revolución neoliberal. Como en otros sectores, hay pocas revisiones críticas del pasado, y lo que se refiere a la estética franquista los esfuerzos se dirigen sobre todo a la eliminación o a la la transformación de sus monumentos, por un lado, y a la dignificación de emplazamientos de la memoria vinculados a la República por otro. En especial fosas comunes u otros lugares de la represión.

Cementerio de Oviedo

Monumento a los fusilados en el cementerio de Ovido, detrás lápida con sus nombres.

Es significativo que aún no dispongamos de herramientas críticas para interpretar y ubicar en nuestra historia el arte del periodo 1939/55, y que sigamos dejando un vacío entre la efervescencia cultural de la II República y la reaparición de la modernidad a mediados de los 50. Pese a modelos críticos cercanos, como el alemán, apenas hay análisis de la retratística del dictador, del diseño gráfico y la ilustración en las revistas de falange, o de la idea, propia de una comedia de Berlanga, de unir tradición católica y modernidad fascista por medio de ángeles de diseño.

Retrato Franco y placa José Antonio

A la izquierda, retrato de Franco como cruzado, por Arturo Reque; a la derecha, memorial de José Antonio Primo de Rivera en la calle Génova de Madrid.

Desde otra perspectiva, la que más nos interesa, hay referencias importantes a la Memoria Histórica en la creación contemporánea. Podemos encontrar aproximaciones muy diversas, como los trabajos sobre la imagen de Franco del artista Sánchez Castillo, en mi opinión muy ambiguos, o las recreaciones pop de Óscar Seco de carteles republicanos.

Sáchez castillo y Óscar Seco

A la izquierda El Pacto de Madrid, de Sánchez Castillo; a la derecha, Ultraman, de Óscar Seco.

Algunos artistas han trabajado sobre el paisaje, el vacío que queda en los lugares donde se encarceló, torturó y asesinó a los republicanos. Por ejemplo Jorge Barbi, que en el libro “El final aquí” reúne unas 60 de fotografías de paisajes de toda España: las vistas desde los lugares donde se produjeron fusilamientos en la guerra y posguerra, lo último que vieron las víctimas.

Jorge Barbi

Imagen de la serie El final aquí, de Jorge Barbi.

La fotografía de exhumaciones tiene un carácter más científico que artístico,  pero en 2006 Francesc Torres, artista de origen español con una larga trayectoria internacional, empleó una beca obtenida en los Estados Unidos para contribuir a la exhumación de la fosa de Villamayor de los Montes, en Burgos, y produjo una serie de efectistas fotografías que tres años después pudimos ver en el museo Artium de Vitoria con el título “Oscura es la habitación donde dormimos”.

Francesc Torres

Francesc Torres

Dos proyectos paradigmáticos, en mi opinion los más acertados en su planteamiento y ejecución, son el titulado “Málaga 1937 – nunca más”, de Rogelio López Cuenca y "Camp de Bota" de Francesc Abad. El primero surgió del encargo de un monumento a las víctimas de la brutal toma de Málaga y poblaciones cercanas. El artista decidió ir más allá del monolito que le pedía la diputación, y realizó una investigación exhaustiva que ha dado lugar a una exposición en 2007, a un libro, un vídeo, y un parque, además de la página web http://www.malagana.com/malaga1937

Rogelio López Cuenca

Rogelio López Cuenca, "Málaga 1937 - nunca más"

El título del segundo, “Camp de Bota”, se refiere a una zona ubicada al final de la avenida Diagonal de Barcelona, sometida a una profunda remodelación para el Forum 2004, dentro de las estrategias de disneyficación de la capital catalana. Pero Camp de Bota es también el lugar donde fueron fusilados 1.700 republicanos tras la caída de Barcelona. El proyecto se sustenta en la web (www.francescabad.com/campdelabota ), y se extiende a exposiciones y publicaciones, manteniéndose abierto para la participación de testigos, familiares o quien pueda enriquecerlo con nuevos datos.

Camp de Bota Francesc Abad

Instalación del proyecto Camp de Bota, de Francesc Abad

También yo he trabajado sobre la Memoria Histórica, desde mi heterónimo Tom Lavin, con proyectos como Fosa Común, realizado en colaboración con el cineasta Günter Schwaiger y con el apoyo de la ARMH, donde utilicé tierra de la fosa de Santa Cruz de la Salceda para dibujar un mapa de España sobre el cual el público debe caminar, pero ahora con plena conciencia de lo que la tierra oculta. Posteriormente realicé el Museo de la Defensa de Madrid, un modesto carromato que entre varios amigos arrastrábamos por las calles de Madrid, para reencontrarnos con lugares emblemáticos de aquella gesta y devolverlos a la memoria.

Fosa Común

Fosa Común, de Tom Lavin y Günter Schwaiger (sobre el mapa)

Junto a estas propuestas, inscritas en la institución arte, deberíamos considerar las iniciativas de asociaciones por la Memoria Histórica o de familiares de víctimas del franquismo, como el homenaje a los fusilados en el Cementerio Este de Madrid, hoy Almudena, que incluía una instalación de retratos, siluetas y claveles rojos, sobre las mismas tapias donde 70 años antes fueron ejecutados casi 3.000 madrileños. Seguramente hay muchos otros ejemplos de estas prácticas, que van más allá de la convencional colocación de lápidas o de la erección de monumentos de estética convencional.

Cementerio de la Almudena

También tienen más interés que el trabajo de muchos artistas las manifestaciones organizadas por la ARMH, en algunas de las cuales se ha extendido sobre el suelo de la Puerta del Sol de Madrid una fotografía a tamaño real de una fosa común, o un entrañable acto de antiguos presos políticos de la cárcel de Carabanchel, que protestaron por su demolición – muchos colectivos pedían que se crease allí un centro de la memoria – reuniéndose en el solar ya vacío y recreando la arquitectura panóptica de la prisión en una modesta escultura.

ARMH

A la izquierda, protesta de la ARMH, a la derecha, réplica escultórica de la cárcel de Carabanchel.

Para mí, como miembro de un colectivo, el Antimuseo, que propone una renovación radical de la institución arte, surge ahora una pregunta clave: ¿podemos substraer la creación artística de su espacio de circulación, que es en realidad el de la mercancía, para dirigirla a los espacios de conflicto? Voy a explicar esta idea con un ejemplo.

Siluetazo

El Siluetazo, foto de Eduardo Gil.

En Buenos Aires, en 1983, tres jóvenes artistas tuvieron la idea de pintar una silueta humana a tamaño real por cada desaparecido. Pero cuando empezaron a organizar el trabajo se dieron cuenta de que era materialmente imposible pintar 30.000 siluetas en un estudio, y decidieron llevar la propuesta a las Madres de la Plaza de Mayo. Resultado de este encuentro fue el Siluetazo. El 21 de septiembre de aquel año, aún vigente la dictadura, una multutud se concentró en la Plaza de Mayo de Buenos Aires para dibujar siluetas, y de esta manera consiguieron hacer presentes a los desaparecidos. El siluetazo se convirtió en una de las tácticas de reivindicación más efectivas.

Siluetazo

Esta fotografía aparece en el libro El Siluetazo (Bruzzone, Longoni 2008) en el artículo de Guillermo Kexel, sin pie de foto por indicación suya.

Sin duda estas confluencias de arte y política son raras, son coincidencias felices que no se pueden programar. Cuando trabajé con el Museo de la Defensa de Madrid, el efecto en la calle era el que yo esperaba: la gente discutía sobre lo que pasó en Madrid durante la Guerra Civil, los jóvenes descubrían sorprendidos que su ciudad había sufrido intensos bombardeos, las personas más mayores me contaban sus recuerdos, y los que profesan otra ideología me increpaban. Mi pieza no era una escultura, como obraría, y obraba de hecho, en un espacio de exhibición convencional, sino un museo, una institución pública. Sin embargo en aquel momento no conseguí que asociaciones o movimientos civiles relacionados con el tema se lo apropiasen para sus fines y lo utilizasen en sus actos públicos. Debo reconocer que me faltó una metodología adecuada para involucrar a la sociedad en un proceso creativo abierto, de carácter colectivo. O quizás faltó esa chispa imprevisible que prende la acción.

Museo de la Defensa de Madrid

Tom Lavin, Museo de la Defensa de Madrid.

Pero hay modelos que seguir y posibilidades de encontrar puntos de contacto entre la creación artística más avanzada y los movimientos civiles de recuperación de la memoria. Esta colaboración no opera sólo como un amplificador propagandístico, porque como ya hemos dicho, el arte es una institución, es un espacio público con una estructura determinada, que además de brindar visibilidad a los conflictos que llegan a escenificarse en ella, confiere determinadas formas de legitimidad a comportamientos sociales y políticos, y permite también modos específicos de confrontación con el orden establecido, diferentes de los que nos puedan ofrecer otros campos de conocimiento.

Para acabar un ejemplo y una incitación a la acción: el artista austriaco Martin Krenn, en colaboración con una universidad, asociaciones contra el racismo y de memoria de los campos de concentración, así como diferentes personalidades del mundo de la cultura, ha abierto una convocatoria internacional para modificar una plaza dedicada a un político antisemita, y precursor de Hitler en muchos aspectos, Karl Lüger (www.luegerplatz.com). La plaza no se va a modificar en realidad, pero un jurado internacional seleccionará los mejores proyectos y se hará una exposición con ellos, poniendo así de manifiesto la perviviencia de la memoria fascista en nuestras ciudades y dando visibilidad a este debate. ¿Por qué no aplicar esta idea al Arco del Triunfo? ¿Por qué no abrir los debates en todos los frentes y de todas las maneras posibles?

Arco de la Victoria

 

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