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LILLIAN BASSMAN
de la fotografía de moda al arte

María María Acha-Kutscher

27.sept.2014
tag: feminismos
Bassman Autoretrato

Llllian Bassman, 1999

Creo que cuando los artistas incursionan en otros campos que no son los del arte enriquecen considerablemente su trabajo, llegan mucho más lejos de lo que hubiesen llegado de no haber salido de su entorno artístico. Después de todo, son el empuje, el trabajo y esa chispa llamada talento, y no el circuito de distribución, los que los hacen buenos artistas. Éste es el caso de la fotógrafa Lillian Bassman, quien trabajó entre 1940 y 1960 como fotógrafa de moda para Junior Bazaar y posteriormente para Harper’s Bazaar.

Ella inventó una nueva imagen, no sólo de la mujer en la moda, sino de la mujer de su época. En los años 1940 y 1950, cuando las agencias no permitían que se mostrasen los rostros de sus modelos en los anuncios de lencería, Bassman ocultó los rostros con sombras y gestos, produciendo imágenes orgánicas y naturales, como si de pinceladas se tratara. En sus sesiones fotográficas nunca había presencia masculina, salvo un técnico que abandonaba el escenario cuando ella empezaba disparar. “Había una energía sexual muy diferente cuando las modelos trabajaban con hombres. Sentían el deber de seducirlos, estaban posando para ellos. Y conmigo no. Yo las fotografiaba relajadas, naturales, les hablaba y les preguntaba por sus maridos, sus amantes, sus hijos, hasta que el resto del mundo se desvanecía, incluso yo misma, y sólo quedaban ellas ante la cámara”. El resultado se traduce en estas bellas fotografías de mujeres, que veremos a continuación en situaciones reales y de absoluta intimidad, imágenes profundas que las muestran fuertes y seguras en la complejidad de su mundo privado. Incuso me atrevería a decir que podríamos sentirnos reflejadas en algunas de ellas, debido a su familiaridad.



The Well-Spent Dollar, Pud, bra by Maidenform, 1956


It’s a Cinch Carmen, New York, Harper’s Bazaar,1951


Harper’s Bazaar 1947


The personal touch, Evelyn Tripp, 1948


The Dressing Room, 1951


The Line Lengthens: Model Unknown, Lingerie by Lily of France, 1955

Lillian Bassman pasó su carrera empujando los límites y rompiendo las normas de la fotografía tradicional de la moda, creando en el proceso un estilo brillante y únicamente suyo, que ayudó a transformar la percepción pública de la industria, convirtiendo lo que hasta ese momento había sido utilitario en glamoroso.

En 1969,  frustrada por la dirección que estaba tomando la industria de la moda y harta de la nueva actitud de las modelos que empezaban a cobrar más importancia que las fotografías, Lillian, destruye casi la totalidad de su obra comercial al mismo tiempo que abandona el mundo de la moda después de haber trabajado más de 25 años en ella. 

No me extraña que Bassman tomase una decisión tan drástica. Sólo hace falta echar un vistazo al mundo editorial de la moda de hoy y veremos “cuerpos de mujeres que se enmarcan en posiciones inusuales: contorsionados y tendidas sobre telones de fondo que implican sumisión, vulnerabilidad, locura, enfermedad y, en las representaciones más preocupantes, la victimización sexual y física”, como dice la artista feminista  española, Yolanda Domínguez en la presentación de su proyecto STRIKE THE POSE (http://strikethepose.org/the-project) en asociación con Bauapp.



Margy Cato, Junior Bazaar, 1950


Across the restaurant, 1949 (printed 1994)


Times Square The Night Fantastic, Anneliese Seubert, 1997

Y es así que Bassman, durante los siguientes 20 años, vuelca su atención a una fotografía personal, hasta que a principios de los años 90, su amigo e historiador de fotografía, Martin Harrison, la convence para que trabaje a partir de 100 negativos que habían sobrevivido a la destrucción. Lillian se los lleva al cuarto oscuro y comienza a  reinterpretar su antiguo trabajo experimentando con sus técnicas de "pintura”. Es decir, manipulando las imágenes en la ampliadora, por ejemplo colocando durante la exposición un pañuelo de papel con un agujero, o el humo de un cigarrillo… Harrison organiza una muestra de este trabajo reinterpretado y el mundo de la moda una vez más le presta atención. Ella tenía 80 años y su carrera había dado un giro completo.

En sus últimos años de vida Bassman se había reinventado a sí misma y se había adaptado a los cambios tecnológicos, abrazando las nuevas herramientas digitales: cámaras, software e incluso impresoras, mezclando los cartuchos de tinta para obtener nuevos colores. Le encantaba Photoshop, decía que era sólo una simple actualización de la herramienta, "la paleta ha cambiado, el resultado final es el mismo."

Bassman trabajó hasta el final de su vida en 2012, tenía 94 años. Toda su vida profesional estuvo impulsada por la experimentación y la búsqueda de un lenguaje único, cuestionando tanto las tendencias visuales del momento como las reglas tradicionales de la fotografía, revolucionando así el mundo de la fotografía de moda.



Blowing Kiss, Barbara Mullen, New York, c. 1958. Reinterpreted 1994


Anneliese Seubert, Paris, NY Times Magazine, 1996


Betty Beihn: Nude I, 2012

 

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