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EL BOICOT A LA BIENAL DE SYDNEY

Tomás Ruiz-Rivas

5.marzo.2014
tag: museo

En los días pasados un grupo de artistas ha decidido renunciar a su participación en la Bienal de Sydney, Australia, debido a que el principal patrocinador, quien de hecho es el socio fundador de este evento, la empresa Transfield, ha ampliado sus actividades en la gestión de campos de internamiento de inmigrantes y solicitantes de asilo. Australia sigue una política de “detención obligatoria”, consensuada por los dos principales partidos, según la cual todo extranjero que se encuentre en suelo australiano sin la correspondiente visa debe ser detenido y trasladado a estos centros de detención. Los dos centros aludidos en la carta de los artistas son extraterritoriales, situados fuera del territorio australiano, uno en Papúa Nueva Guinea y el otro en una pequeña república en el Micronesia, a miles de kilómetros de Australia y literalmente aislada del mundo.

Según informes de Amnistía Internacional las medidas “legales” australianas incluyen la detención de niños, la separación de familias y por supuesto inadecuadas atenciones médicas y psicológicas.

El debate planteado por este grupo de artistas es crucial en estos momentos, cuando la privatización de los servicios públicos en todo el mundo no sólo está alcanzando a las infraestructuras culturales, con el consiguiente perjuicio en lo que se refiere a la libertad de expresión, sino a los llamados cuerpos de seguridad, o lo que es lo mismo, al privilegio del uso de la fuerza por parte del Estado. Los centros de detención de extranjeros son habituales en muchos países, y hay un gran número de ellos repartidos por toda Europa. En el caso de Australia hay varios factores que agravan esta evidente violación de los derechos humanos: se detiene también a los solicitantes de asilo político, la extraterritorialidad y que son de gestión privada.

Pero la vuelta de tuerca está en que el título de la Bienal es “You imagine what you desire”, Imagina lo que deseas. Es decir, la Bienal invita a los artistas a imaginar un mundo mejor e incide precisamente en la capacidad transformativa, o al menos crítica y/o prospectiva, de las artes visuales. La empresa Transfield, cuyos beneficios por la gestión de los centros de detención van a ser millonarios, financia una plataforma para que los artistas imaginen un mundo donde las migraciones causadas por la miseria, los refugiados de guerras y dictaduras, los centros de detención para extranjeros y las empresas como ella misma no existan. Bueno, esto es lo que han hecho, y aunque los que finalmente han decidido abandonar la exposición han renunciado a sus honorarios, creo que deberían pagárselos de todas formas, porque para eso los invitaron: para realizar un acto simbólico que nos permita imaginar el mundo de otra manera. Quizás los firmantes de la carta –que en realidad son la mayoría de los artistas invitados – sean los únicos que se han atrevido a imaginar lo que desean.

Han pasado ya varias décadas desde que Hans Haacke puso sobre el tablero las conflictivas relaciones entre la empresa privada y la institución cultural – On Social Grease, largamente analizada por Travis English en un artículo que publicamos también en VALF, es un buen ejemplo – pero creo que la decisión de este grupo de artistas va más allá, porque lo que plantean es que no sólo la obra de arte es portadora o generadora de significado, sino que el entramado económico-institucional donde se produce y exhibe tiene parte en esta cadena de construcción de sentido, y que por tanto la responsabilidad del artista se extiende más allá del proceso creativo individual, abarcando también los modos de socialización del producto final, sea cual sea la naturaleza de este.

Es un debate antiguo, que no deja de adoptar nuevas formas y colores, por así decir. Se ha planteado recientemente en Lima, en torno a la exposición “Perder la forma humana” en el MALI (ver críticas en http://zinsabotaje.blogspot.mx) y ha originado de una polémica que ha acabado siendo agria entre Marcelo Expósito y yo en Esfera Pública (http://esferapublica.org/nfblog/?p=64899). Mientras desde determinada izquierda se teoriza sobre arte y política, sobre lo que es o debe ser el arte político – yo añadiría que desde una absoluta esterilidad – lo cierto es que la política y lo político están permeando todos los estratos de la institución arte, y hoy el debate va mucho más allá de la tensión entre la institución y el mercado, lo público y lo privado, toda vez que el sistema de oposiciones binarias de la modernidad está más que agotado, o de las vinculaciones entre creación artística y activismo de calle, cuando la cualidad artística de un objeto, comportamiento o proceso no está en sí mismo, sino en su inclusión en un espacio institucional, económico y discursivo, como hemos podido constatar precisamente con la muestra “Perder la forma humana”. Lo cual conduce al arte activista a la misma aporía de siempre: si es activista no es arte, si es arte no es activista. Y esto no quiere decir necesariamente que si es político no es arte, porque la esfera de lo político tiene sin duda dimensiones más amplias que la del activismo según estamos viendo en el caso de la Bienal de Sydney, dicho sea con todos los respetos hacia las personas que están consiguiendo frenar esta ola neoliberal a costa de exponerse a todo tipo de violencias.

Seguiremos con este debate, que curiosamente tiene muy poca incidencia en la comunidad artística mexicana. Ahora queremos ofrecer los dos textos, la carta de los artistas y la respuesta del Consejo de Directores de la Bienal de Sydney, a los lectores de lengua española, para que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones.

 

Carta abierta al Consejo de Directores, Bienal de Sydney
19 de febrero de 2014

Al Consejo de Directores de la Bienal de Sydney,

Somos un grupo de artistas – Gabrielle de Vietri, Bianca Hester, Charlie Sofo, Nathan Gray, Deborah Kelly, Matt Hinkley, Benjamin Armstrong, Libia Castro, Ólafur Ólafsson, Sasha Huber, Sonia Leber, David Chesworth, Daniel McKewen, Angelica Mesiti, Ahmet Öğüt, Meriç Algün Ringborg, Joseph Griffiths, Sol Archer, Tamas Kaszas, Krisztina Erdei, Nathan Coley, Corin Sworn, Ross Manning, Martin Boyce, Callum Morton, Emily Roysdon, Søren Thilo Funder, Mikhail Karikis – todos participantes de la 19ª Bienal de Sydney.

El motivo de que les escribamos es nuestra preocupación por el acuerdo de patrocinio de la Bienal con Transfield (1).

Queremos empezar con una afirmación y el reconocimiento a todo el equipo de la Bienal, otros patrocinadores y a nuestros compañeros artistas. Sentimos el mayor respeto por la visión artística de Juliana Engbergs, y reconocemos el apoyo y energía que el personal de la Bienal ha puesto para la creación y exhibición de nuestros proyectos. Sabemos que este asunto pone al equipo de la Bienal en una situación difícil.

Sin embargo, queremos destacar que este asunto nos ha ofrecido una oportunidad para reconocer y tomar conciencia de nuestra propia responsabilidad por nuestra participación en una cadena de conexiones que se vincula con el sufrimiento humano: en este caso, el que es creado por la política Australiana de detención obligatoria. (2)

Confiamos en que ustedes comprenden las implicaciones de los recientes movimientos de Transfield para conseguir nuevos contratos para los servicios de vigilancia y mantenimiento de los centros de detención de inmigrantes que Australia tiene en las islas de Manus y Nauru, en alta mar (3). Para su información hemos adjuntado un documentos que describe nuestra interpretación de las relaciones entre la Bienal, Transfield y la política australiana de asilo político.

Les exhortamos a trabajar con nosotros para enviar un mensaje a Transfield, y de paso al gobierno de Australia y a la opinión pública: que nosotros no aceptamos la detención obligatoria de solicitantes de asilo, porque es indefendible éticamente y constituye una violación de los derechos humanos; y que, como red de artistas, trabajadores del arte y una organización cultural líder, no queremos ser asociados con estas prácticas.

Nuestras circunstancias actuales son complejas: las instituciones públicas dependen cada vez más de financiación privada, y menos de los recursos públicos, y esto puede crear las presentes dificultades. Somos conscientes de estas complejidades y no creemos que haya una sola respuesta para todo el problema.

Sin embargo, en este caso en particular, vemos que nuestro papel en la Bienal, bajo los actuales convenios de patrocinio, es el de añadir valor a la marca de Transfield. La participación es un respaldo activo, que provee a Transfield de capital cultural.

A la vista de todo esto, preguntamos al Consejo: ¿Qué quieren hacer? Les urgimos a actuar en beneficio de los solicitantes de asilo. Como parte de esto pedimos a la Bienal que renuncie a los actuales convenios de patrocinio con Transfield y que intente conseguir otros. Esto sentaría un importante precedente para las instituciones artísticas australianas e internacionales, impulsándolas a alcanzar un mayor grado de conciencia ética y transparencia en lo que se refiere a sus fuentes de financiación. Les pedimos, con todo el respeto, que respondan con urgencia.

Nuestros intereses como artistas no atañen exclusivamente a nuestras posiciones morales individuales. También estamos preocupados por la manera en que las instituciones culturales manejan las responsabilidades sociales urgentes. Esperamos que la Bienal tome en cuenta la voz de su audiencia y de la comunidad artística, que está reclamando a la institución que actúe enérgica e inmediatamente en nombre de la justicia, cortando sus vínculos con Transfield.

Creemos que los artistas y trabajadores del arte pueden – y deben – crear un entorno que estimule a individuos y grupos a actuar con conciencia, abriendo otros caminos para desarrollar formas de producción cultural más sostenibles, y a la vez sostenedoras.

Queremos extender esta discusión a un amplio rango de personas y organizaciones, con el objetivo de traer a la luz las diversas fuerzas que conforman nuestra presente situación, y para avanzar en el trabajo de imaginar otras posibilidades de ser. En nuestras circunstancias políticas actuales, creemos que éste puede ser uno de los desafíos más importantes en que nos debemos comprometer, y les invitamos a este proceso de compromiso.

Esperamos su respuesta con interés, y dada la urgencia de este asunto, confiamos en recibirla antes de que acabe la semana.

Gracias por su consideración
Sinceramente
Gabrielle de Vietri, Bianca Hester, Charlie Sofo, Nathan Gray, Deborah Kelly, Matt Hinkley, Benjamin Armstrong, Libia Castro, Ólafur Ólafsson, Sasha Huber, Sonia Leber, David Chesworth, Daniel McKewen, Angelica Mesiti, Ahmet Öğüt, Meriç Algün Ringborg, Joseph Griffiths, Sol Archer, Tamas Kaszas, Krisztina Erdei, Nathan Coley, Corin Sworn, Ross Manning, Martin Boyce, Callum Morton, Emily Roysdon, Søren Thilo Funder, Mikhail Karikis

Notas:

  1. Por favor, tengan en cuenta que en este documento usamos el nombre de Transfield para referirnos a las tres ramas de la marca; Transfield Holding, Services y Foundation. Por favor, remítanse a nuestra hoja informativa para comprender como están vinculadas.
  2. http://en.wikipedia.org/wiki/Mandatory_detention_in_Australia
  3. Son centros de detención extraterritoriales, offshore es la expresión utilizada en la carta, y de gestión privada. Manus es una provincia de Papúa – Nueva Guinea, y Nauru una república independiente de 21 km2 y unos 10.000 habitantes, que tras agotar sus reservas de fosfatos no tiene mayores recursos que los derechos que cobra por albergar el centro de detención australiano.

 

Respuesta de la Bienal de Sidney al Grupo de Trabajo
21 de febrero de 2014

En primer lugar, permítasenos expresar nuestra sincera empatía con los artistas en este problema.

Como ellos, nos hemos visto atrapados inesperadamente en algún lugar entre la ideología y los principios. Ambas partes son “daños colaterales” en un debate complejo. Nadie quiere ver sufrimiento humano.

Los artistas deben tomar una decisión de acuerdo con sus propios puntos de vista y convicciones. Nosotros respetamos el derecho a hacerlo así.

El deber de este Consejo, sin dejar de ser consciente de estas legítimas preocupaciones, es actuar en el interés de la Bienal y todos sus partícipes (*) – nuestras audiencias, gobierno, socios, personal, benefactores y patrocinadores, así como de todos los artistas de la Bienal y un más amplio sector del arte.

De un lado, hay afirmaciones y alegaciones que están abiertas al debate. Del otro, tenemos una larga historia de filantropía desinteresada, que ha estado en la fundación de un evento que ha servido a las artes y a una amplia comunidad durante 40 años.

La capacidad de la Bienal para contribuir de manera efectiva al cese de una política gubernamental bipartita, está muy lejos de ser blanco o negro. Lo único cierto es que sin nuestro socio fundador la Bienal dejará de existir.

Consecuentemente, creemos unánimemente que nuestra fidelidad a la familia Belgiorno-Nettis – y a los cientos o miles de personas que se benefician de la Bienal – debe estar por encima de reclamaciones en la que hay ambigüedad.

Al tiempo que declaramos de manera inequívoca nuestro apoyo y gratitud por este continuado patronazgo, también extendemos una invitación al Grupo de Trabajo a entablar un diálogo con nosotros, con el objetivo de encontrar un acuerdo aceptable.

La Bienal ha sido durante largo tiempo una plataforma para que los artistas expongan sin restricciones sus puntos de vista, a veces desafiantes pero importantes, y preferiríamos explorar esa vía de expresión, antes que asistir a la desaparición de un importante activo cultural.

Textos originales:

Más información sobre el boicot en:

 

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