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ARTE EN FERIA (DE ARTE)

Tomás Ruiz-Rivas

13.feb.2014
tag: reseña

Decía Benjamin que para el hombre moderno los objetos se han convertido en las señas de una identidad mistificada, y que el acto de coleccionar es, entre todas las manifestaciones profanas de “proximidad”, el que crea vínculos más profundos. Coleccionar da sentido a un mundo que parece no tenerlo, un mundo donde alles ständische und stehende verdampft, que decía otro filósofo. Quizás esto explique la excitación que producen las ferias, ese nerviosismo casi obsceno que eriza el vello del mundo del arte durante una semana, año tras año y de ciudad en ciudad, como la inminencia de un portento o de un fenómeno singular, aunque luego podamos comprobar que es muy difícil diferenciar una feria de otra.

Debo decir que yo no comparto el sentimiento y que las ferias me aburren. O al menos en lo artístico, porque reconozco que como evento social son lo más divertido que hay. Ver arte en una feria resulta frustrante, porque la obliteración del discurso, o su substitución por el nudo valor monetario, desarma el signo y deja en su lugar unos derelictos apenas descifrables. Ya decía Juan Acha que lo artístico no es una substancia inherente a determinados objetos, sino el resultado de un complejo juego de interacciones. Piezas que en otro contexto me parecerían inspiradas, vistas en la sucesión amorfa de la feria, sumidas en esa estética del video-club que ha desplazado a la luminosa organización de la enciclopedia, me enervan y me dejan con una desagradable sensación de vacío. Quizás yo pertenezca a una modernidad antigua, valga el oxímoron, y me reconozca más en el ver que en el poseer. Ni siquiera tengo fotografías personales, que es la forma de convertir la mirada en propiedad. No he sabido consumar el tránsito del Homo Aestheticus al Homo Consumens, y sin duda soy yo, cuando deambulo por los pasillos de Zona Maco, quien carece de sentido.

Hecha la observación, que seguro va a reconfortar a muchos que sienten el mismo desasosiego cuando visitan ferias de arte, me gustaría compartir mis impresiones sobre la pasada semana ferial en la Ciudad de México.

Zona Maco es una cita mayor en el arte internacional. He visto crecer este proyecto desde sus orígenes, o más aún, desde su predecesora Expoarte de Guadalajara, y podemos decir que ha alcanzado la madurez y ha conseguido ocupar un lugar destacado en el competitivo mercado de las ferias. Es un gran éxito. Por otra parte la Ciudad de México tiene un tejido institucional muy desarrollado, por lo que la feria, al contrario de lo que pasaba en Madrid con Arco, se suma como un elemento dinamizador, que multiplica la proyección internacional del arte mexicano al tiempo que poco a poco va formando una cultura del coleccionismo. Pero no adquiere una posición dominante en la producción de discurso ni de imaginarios sobre el arte.

En la parte negativa, diría que Zona Maco está empezando a enfermar de éxito. Su oferta se aleja de la creación actual, de lo que está pasando en la ciudad, en la calle, en los márgenes, y se asimila cada vez más a la uniformidad de un mainstream internacional que no admite muchas sorpresas y que en general va a lo seguro. Desde la entrada en la sección general, donde uno se topa con los sempiternos grabados de Serra en la Caja Negra, que no se han movido del mismo sitio en una década, sabemos que no va a haber sobresaltos. Todo lo que encontramos es correcto, sobradamente conocido y como intemporal o ajeno al intenso mundo de la vida mexicano.

Jankowski

Christian Jankowski. Willy Brandt. Cortesía Galería Proyectos Monclova http://proyectosmonclova.com

Haciendo un esfuerzo uno puede llegar a interesarse por algunas piezas, como las fotografías de Christian Jankowski en Proyectos Monclova, que de todas formas se ven mucho mejor en la galería, la video-instalación de Yoshua Okón en Mor Charpentier, o unos collages insólitos en la chilena Isabel Croxatto, obra de Mauricio Garrido, que nos han llamado la atención por la relectura del barroco colonial que hace a partir de elementos de la imaginería popular. Pero poco más. Quizás el doblete de José Dávila, con dos reflexiones paralelas sobre el arte, una en OMR y la otra en la británica Max Wigram. La exposición de OMR, pese a que el programa de mano va por otros derroteros, me evocó inmediatamente la escultura clásica, la tensión formal del Discóbolo, por ejemplo, pero sometida al vaciamiento radical de sentido que es propio de la postmodernidad. Un trabajo sutil, pese a la intensidad que comunica el equilibrio inestable en que se encuentran las planchas de mármol, sujetas mediante correas en posiciones de riesgo, y que supera otras piezas suyas que apuntan en esta misma dirección.

Mauricio Garrido

Mauricio Garrido. San Antonio. Collage. 2013. Cortesía Galeria Isabel Croxatto www.artdealer.cl
José Davila

José Davila, State of Rest. Cortesía OMR www.galeriaomr.com

La sección llamada Zona Maco Sur para mí ha resultado incomprensible. Pese a la citada pieza de Okón, o las de León Ferrari, desaparecido hace menos de un año, y que realmente es un placer verlas, no sé de qué va la cosa. Claro, que si tenemos en cuenta que lo que se pretendía era “afirmar el espacio de la obra de arte como un espacio de reflexión sobre la colectividad y el mundo o sobre la colectividad en el mundo”, es normal que nos sintamos un poco confundidos. Tampoco me acometieron escalofríos de emoción en las Nuevas Propuestas, bastante convencionales incluso comparándolas con lo que se puede ver en cualquier museo. Sin ir muy lejos, uno de los artistas presentes en esta sección, Emilio Chapela, tenía una pieza mucho más potente en Casa Maauad, una parte del montaje Grenzstrasse: un video generado a partir de imágenes de Google Streetview, que recorre la frontera México – USA, acompañado de la sintonía en tiempo real de Radio Frontera.

Emilio Chapela

Emilio Chapela. Radio Latina 2013 Video digital, 18 minutos (loop). Cortesía Casa Maauad http://casamaauad.com/

En este contexto Material Art Fair me ha parecido una bocanada de aire fresco. Aunque tampoco hay enormes sorpresas, la selección de galerías, realizada según luego supe por invitación de los tres curadores, sin aplicación previa, ha sido muy buena, y se agradece el esfuerzo de presentar el arte más joven, de conectar propuestas innovadoras de Estados Unidos y México, y de incluir proyectos que no se ciñen a las exigencias del mercado. Su programa de actividades nos facilitó el acceso a varios espacios poco conocidos, un día en la Roma y otro en la San Rafael, y hubo varias visitas guiadas a la feria, por distintos curadores.

De nuestra visita a Material nos quedamos con el ambiente, más estimulante que la institucionalizada Zona Maco, con el stand de Printed Matter, donde no pudimos resistir la tentación de llevarnos el libro In This Dark Wood, de Elizabeth Tonnard, y con la galería Oliver Francis de Dallas. En ella hemos conocido el trabajo de Morehshin Allahyari, artista de origen iraní afincada en esta ciudad desde 2007. Presentaba tres piezas pequeñas, unas figuras realizadas con impresora 3D, de plástico negro, que combinan objetos hoy en día prohibidos en su país, como un cerdito al que ha implantado una ametralladora en el lomo.

M. Allahyari

Morehshin Allahyari, Dark Matter: #pig #gun Cortesía de la artista. www.oliverfrancisgallery.com

 

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