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WOMANKIND
María María Acha-Kutscher

Tomás Ruiz-Rivas

Texto publicado originalmente en el libro Les Spectaculaires, Ed. Ediciones Asimétricas. Madrid 2011. Con el apoyo de una Beca de Creación Artística del MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, en 2011
3.ene.2014
tag: feminismos

A medida que en las sociedades más desarrolladas ese tejido vivo que es la memoria se ha ido desvaneciendo, el Archivo, en su doble naturaleza de entidad abstracta e institución concreta, ha ocupado su lugar. Los filósofos, primero Foucault y luego Derrida y Agamben, han llevado el Archivo a territorios difíciles de transitar, donde se establecen las diferencias entre el discurso y su texto. Pero no es en la palabra, sino en la imagen, donde se ha constituido el archivo universal que soñaba Jorge Luis Borges desde las sombras de la ceguera. Podríamos decir, parafraseando a Allan Sekula, que la fotografía consiste tanto en la captura de la mirada por medio de la cámara, como en la organización de las tomas en un gabinete. El Archivo establece entre las imágenes relaciones que se basan en el poder.

El collage o montaje fotográfico ha sido la primera técnica que han usado los artistas para alterar esas relaciones y desafiar al poder. No es casual que fuese en el movimiento Dadá donde emergió, con los trabajos de Kurt Schwitters, John Heartfield, Raoul Hausmann o Hannah Höch. También fue una de las técnicas favoritas de Man Ray y de los surrealistas, donde la novela gráfica Une semaine de bonté de Marx Ernst es sin duda la obra cumbre del collage en la época de las vanguardias. El artista alemán no emplea sólo fotografías, sino que se nutre de imágenes de la cultura popular del siglo XIX, en especial de los grabados de los folletines.

Max Ernst

Max Ernst. Une semaine de bonté

Esa posibilidad de usar fotografías de los medios de comunicación, o en general de productos editoriales destinados al gran público, fue uno de los atractivos del collage para los artistas de entonces. Hannah Höch, centrada en la imagen de la nueva mujer que surge en la Alemania de entreguerras, estaba especialmente interesada en este aspecto. Son además varias las mujeres artistas que han trabajado con la técnica del collage, y que forman parte de la compleja filiación de la obra de María María Acha-Kutscher. Como Dora Maar, cuya exquisita sensibilidad se vio eclipsada por su relación con Picasso. O Grete Stern, formada en la Bauhaus, que años después en Argentina realizó 150 fotomontajes para el consultorio psicológico de una revista femenina. Esta serie, titulada Sueños, es quizás lo más sugerente de su legado. Todas ellas trabajaron sobre la mujer, expresando los conflictos y transformaciones que se han originado a lo largo del proceso de emancipación y reconocimiento de los derechos de la mujer.

Grete Stern

Grete Stern. Collage de la serie Sueños

En nuestros tiempos la proliferación de ingenios electrónicos para producir imágenes, y sobre todo Internet, equivalente al gabinete de Sekula expandido hasta el infinito, han puesto el Archivo en un lugar preeminente y son muchos los artistas que trabajan sobre él de distintas maneras: Boltanski, Gerhard Richter, Walid Ra’ad, Antoni Muntadas… O mucho más próximos a María María Acha-Kutscher los también latinoamericanos Jonathan Hernández y Fernando Bryce. 

La manipulación de las fotografías, por su parte, se ha liberado de las limitaciones de la ampliadora y el revelado químico, o del trabajo de tijeras y encolado de los antiguos montajes. Los programas de edición digital han transformado hace tiempo estos procedimientos, y en realidad hoy es impensable que veamos fotografías que no han estado sometidas a algún tipo de retoque.

Womankind 1

Womankind serie I

María María Acha-Kutscher trabaja en el ordenador con imágenes de extracción diversa. Una parte importante procede de las revistas de moda y decoración que se relacionan tradicionalmente con el imaginario femenino. Muchos fondos y algunos elementos llamativos por lo lujosos, tienen este origen. También usa fotografías tomadas por ella misma. Imágenes muy peculiares, como el quiosco lleno de revistas populares sobre maquillaje y arreglo de uñas, en la serie Womankind I, o una librería de antiguo donde los tomos se apilan hasta el techo, en Womankind II. Las figuras principales, así como las obras de arte, las porcelanas y los detalles más sui géneris los busca en Internet. Es un proceso laborioso, porque los collages de María María tienen una cualidad que los diferencia de los de sus predecesores: la verosimilitud. Cuando vemos cualquiera de las piezas que componen las distintas series de Womankind sentimos una extrañeza que no sabemos identificar. Las imágenes parecen reales, pero algo no está en su sitio. Es la mujer. Las mujeres que protagonizan los collages no están en el lugar que les corresponde.

Womankind 2

Womankind serie II

En algunas ocasiones la imagen es aparentemente sencilla: el encuentro de dos elementos antitéticos en un escenario inesperado provoca ese desplazamiento característico. Es el caso del collage de la primera serie en el que podemos ver una mujer con ropajes religiosos que camina por un parque. A su derecha, rodeada por un denso macizo vegetal, una estatua representa a una bailarina erótica girando en la barra del table dance.

Womankind 1

Womankind serie I

Otras son infinitamente prolijas, como las dos que componen la serie Derruidas. En ellas, sobre el fondo de un edificio en ruinas, sendas mujeres aparecen sentadas en medio de la desolación, rodeadas de innumerables figuras de porcelana y esculturas. En todos los casos se trata de una resignificación de las imágenes con las que se ha ido construyendo la historia de las mujeres desde la invención de la fotografía, y donde aparecen relegadas a un segundo plano, dentro de relatos hegemónicos de corte paternalista. No es tanto, como dice Hal Foster en Archival Impulse, una voluntad de totalizar como de relacionar, de investigar un pasado extraviado, de confrontar sus diferentes signos y de comprobar qué puede quedar para el presente. María María rescata en sus collages una memoria histórica femenina, reflejando tanto su lucha política como la complejidad de su mundo privado.

Derruidas 1

Derruidas I
Derruidas II

Derruidas II

La serie Les Spectaculaires es singular dentro de esta línea de trabajo de la artista. Las protagonistas son mujeres que estuvieron afectadas por algún tipo de anormalidad. Mujeres con una condición física excepcional que las hacía únicas, como la carencia de brazos o piernas, una estatura mínima o exagerada, el rostro cubierto de pelo o los cuerpos unidos de las siamesas. Las fotografías originales, sobre las que ha trabajado la artista, son de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estas mujeres aún trabajaban en circos donde se exhibían como rarezas humanas.

Spectaculaires 1

Les Spectaculaires, Alice E. Doherty "Alice The Wonder"

Paradójicamente, muchas de ellas disfrutaron de una vida más acomodada e independiente de la que habrían podido esperar en el caso de nacer normales. Los collages creados por María María Acha-Kutscher tienen una intensidad visual que nos hipnotiza. Les Spectaculaires aparecen investidas de una gran dignidad, en unas imágenes sobrias donde la artista ha realizado pocas manipulaciones, pero precisas y sutiles. Las estrictamente necesarias para desafiar las convenciones sobre el cuerpo de la mujer, construidas desde la mirada del varón, y establecer una serie de inquietantes relaciones entre las ideas de belleza, enfermedad, violencia y poder.

Anita

Les Spectaculaires, Anita "The Living Doll"
Mademoiselle Gabrielle

Les Spectaculaires, Mademoiselle Gabrielle "The Half Woman"
Mary and Anna

Les Spectaculaires, Mary and Anna "Nature’s Most Perfect Freak"

www.acha-kutscher.com