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LOS VIEJOS CONCEPTUALES NUNCA MUEREN
Teresa Burga en la SAPS

Tomás Ruiz-Rivas

Hasta el 20 de abril
27.dic.2013
tag: crítica; feminismos

He tenido la oportunidad de conocer a tres figuras principales, no sé si las más, pero entre las primeras, del arte conceptual hispano. Teresa Burga, Isidoro Valcárcel Medina y Antonio Caro. A los tres además en un plano más personal o informal que profesional, aunque a principios de los 90 Isidoro participó en un par de proyectos del Ojo Atómico (1). Los dos primeros son de la misma generación, y obviamente es difícil establecer otra relación. Teresa Burga nació en Iquitos, la Amazonía peruana, en 1935, e Isidoro Valcárcel en Murcia en 1937. Pero ambos han vivido y trabajado en las capitales de sus respectivos países. Antonio Caro, colombiano, es algo más joven. De 1950. Y tampoco creo que tenga vínculos históricos, críticos o personales con los anteriores. Sin embargo cuando se habla con ellos, o cuando se los escucha en una presentación pública, la conexión es inmediata. Hay siempre en sus palabras una ironía, un peculiar entendimiento de lo que es el arte, su arte, un distanciamiento de las exigencias y afanes del mundo del arte, de sus pretensiones, de la petulancia, de los egos inflamados, que los emparenta secretamente.

Luis Camnitzer lo describió muy acertadamente acerca de Antonio Caro: “Cuidadosamente apunta para errarle a los blancos de tiro definidos y amados por la estructura de poder artística…” (2). Y esto lo hacen no solamente con su obra, que nos hurta lo presuntamente artístico y nos cierra las puertas de la transcendencia. También, como ya he sugerido, con sus palabras. Uno de los momentos para mí más memorables de Isidoro fue la mesa redonda en la galería Ivory Press de Madrid, todo pretensión, donde Hans Ulrich Obrist trataba en vano de armar un discurso en torno a la pieza que se presentaba – una edición de libros lujosísimos que no contenían en sus páginas más que la numeración correspondiente escrita en 58 idiomas distintos – y él, Isidoro, los desarmaba, al discurso y a Obrist, confrontándolos con la verdad desnuda de que los libros no tenían más significado que el que se veía: los números de página (3).

La presentación de Teresa Burga en la SAPS fue también uno de esos momentos que uno sabe que no va a olvidar nunca. Hay que decir que en esta ocasión sin duelo entre la artista y los curadores – Tatiana Cuevas y Miguel López – que sin duda comprenden la obra de Burga mejor que Obrist la de Isidoro. Tras una charla de introducción a cargo de Miguel López, que nos sirvió a todos para tener una visión panorámica de la trayectoria de esta artista, hasta ahora muy poco conocida, ella inició un relato, no diálogo o debate, relato, a la manera de las personas mayores, que dejan fluir sus recuerdos y van asociando unas cosas con otras sin necesidad de construir argumentos: unos estudios de arquitectura pronto abandonados, su llegada accidental a la pintura, los años en París y Chicago, la vuelta a Lima, el rechazo que sufrió su obra por parte de unas instituciones que esperaban de los creadores peruanos un arte localista, de inspiración pseudoindígena… – ¡Nunca vi tantas frutas en Lima! Exclamó Teresa recordando aquella época de furor folklórico.

Folleto Burga

Volante para incentivar la participación de mujeres en la encuesta Perfil de la Mujer Peruana, 1980. Cortesía de la artista y arteimovilización. Museo de Arte de Lima. Archivo de Arte Peruano

Luego habló del que sin duda es su principal trabajo: Perfil de la Mujer Peruana, realizado en 1980 – 81, y después el silencio. Treinta años de silencio. Se dice pronto. Teresa Burga abandonó el arte a mediados de los 80 por la imposibilidad de establecer un diálogo con su sociedad, la peruana. Es terrible y coherente a la vez, porque para ella, como lo ha sido siempre para los viejos conceptuales, el arte no era un camino de engrandecimiento personal, sino una observación desinteresada de la realidad, una forma de estar en el mundo. Pero nunca tan sublime como para merecer víctimas. Teresa Burga no abandonó el arte por militancia, ni siquiera por rabia. No se declara revolucionaria ni progresista ni feminista. Ella, como Bartleby el escribiente, simplemente prefirió no hacerlo. La obra de Burga permaneció en las sombras hasta que los curadores peruanos Miguel López (4) y Emilio Tarazona se propusieron rescatarla, literalmente, porque la artista ya estaba a punto de destruirla.

Burga

Una vista del montaje original del Perfil de la Mujer Peruana. Fuente: http://arte-nuevo.blogspot.mx/2010/10/exposicion-retrospectiva-de-teresa.html

El proyecto que se presenta en la SAPS, según nos dice el boletín de prensa, lo copio tal cual porque no tengo mucho que aportar, “consiste en la producción escultórica (inédita) de un boceto que formó parte del proyecto Perfil de la mujer peruana, realizado en colaboración con la psicóloga peruana Marie-France Cathelat entre 1980-1981. El proyecto fue presentado originalmente en 1981 durante el Primer Coloquio de Arte No-Objetual y Arte Urbano del Museo de Arte Moderno de Medellín, Colombia; meses después, en una exposición en el Banco Continental de Lima, Perú; para finalmente editar un libro en donde se reúne la investigación completa a fines del mismo año. La recuperación de este proyecto busca revisitar un ejercicio de reflexión planteado desde la práctica artística - en este caso analizando la condición femenina desde sus aspectos políticos, económicos, educativos, religiosos, raciales, jurídicos y sexuales ­ como parte de la segunda ola del feminismo en Latinoamérica, extendiendo su análisis hasta nuestros días.”

Burga

Teresa Burga, Perfil de la mujer peruana, 2014. MDF. Cortesía de la artista

La escultura en cuestión es una representación estilizada de los órganos reproductivos femeninos, delicada, sensible, muy bella. La artista la ha donado a la SAPS. Además de esta pieza y el boceto original, la exposición incluye cinco vitrinas con documentación diversa de la producción original del proyecto en Medellín (5), recortes de prensa de esta exposición y de la que posteriormente se hizo en Lima, documentos originales de la encuesta, croquis del montaje y bocetos de varias piezas, y, lo que a mí más me ha llamado la atención, notas de la artista con reflexiones sobre el arte conceptual y sobre sus propios procesos creativos.  El montaje, que es muy limpio y saca todo el partido posible de este espacio, se completa con una serie de esquemas que Burga diseñó para organizar los temas y materiales de la investigación.

Sala de Arte Público Siqueiros.
Tres Picos 29 (esquina con Hegel) Polanco | CP 11560 México DF
www.saps-latallera.org
  1. Isidoro participó en el Primer Festival de Performances (1992) y en la exposición Documentos para una Historia de la Heterodoxia en el Arte, El Ojo Atómico, 1993. http://www.antimuseo.org/archivo_etapa1_docu.html
  2. Camnitzer, Luis. Antonio Caro: guerrillero visual. Revista Poliester, volumen 4, Nº. 12. México 1995.
  3. Escribí un artículo acerca de Isidoro y su edición con Ivory Press en mi antiguo blog: http://antimuseo.blogspot.com.es/2013/07/isidoro-valcarcel-medina.html
  4. Miguel López ha publicó hace tiempo un texto sobre Teresa Burga en su blog:  http://arte-nuevo.blogspot.mx/2010/10/exposicion-retrospectiva-de-teresa.html
  5. ¿Qué estarían haciendo los artistas de Madrid en 1981, mientras en Medellín se discutía sobre el arte no objetual? Mejor mantener en el olvido aquella movida y a sus pontífices.

 

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