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MUSEO ITINERANTE DE ARTE POR LA MEMORIA

Tomás Ruiz-Rivas

19.dic.2014
tag: memoria
Hace un año tuve el honor de ser invitado por la Fundación Príncipe Claus de Holanda a proponer un artista para el premio del mismo nombre. Mi candidato fue, sin ningún género de duda, el Museo Itinerante de Arte por la Memoria. Había tenido la oportunidad de conocer a algunos de sus miembros en 2013, a raíz de lo cual redacté entonces este artículo, y desde luego su trabajo es merecedor del reconocimiento que la Fundación finalmente les ha concedido. Aprovecho para agradecer a los consultores que apoyaron mi propuesta.

Resultaría imposible esbozar una panorámica sucinta de la sociedad peruana. Es un país complejo, repartido en tres territorios muy diferenciados, costa, sierra y selva, que abarcan más de un millón doscientos cincuenta mil kilómetros cuadrados, y donde el Estado reconoce hasta setenta y dos grupos etnolingüísticos. Aunque en realidad no es posible determinar qué parte de la población es indígena, ya que este término es más ideológico que de científico, se calcula que la mitad de los peruanos lo son. Y pese a los espectaculares avances económicos de los últimos años, en las zonas rurales hay todavía casi un 50% de pobreza y hasta el 20% de analfabetismo (1).

El conflicto que se inició en 1980 tras las primeras acciones de Sendero Luminoso en Ayacucho dejó, al cabo de veinte años de violencia, alrededor de setenta mil víctimas. De estas, el 75 % eran campesinos y campesinas de lengua quechua. El proceso de recuperación de la memoria es muy complejo, porque al contrario que en las dictaduras del cono sur, donde el Estado, usurpado por militares golpistas, aparece como único agresor, en Perú el 54 % de las víctimas se atribuyen a Sendero Luminoso, el 37 % al Estado, incluyendo policía y ejército y paramilitares, y el resto a otros grupos subversivos y narcotraficantes (2). Es un escenario en el que todos son malos. El hecho de que tres cuartas partes de las víctimas sean indígenas hace más complejos los procesos, porque exige un entendimiento intercultural que las distintas instancias del gobierno, como el poder judicial o la hacienda pública, difícilmente pueden alcanzar. Tras la caída de la dictadura de Fujimori en 2000 se creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, presidida por el filósofo Salomón Lerner, que realizó una exhaustiva investigación sobre las dos décadas de conflicto y cuyo resultado está registrado en el Informe Final que se cita a pie de página.

MIAxM

Es en este marco donde aparece el Museo Itinerante de Arte por la Memoria (MIAxM), un proyecto impulsado por un colectivo multidisciplinar que en la actualidad incluye cuatro artistas visuales, dos antropólogas, una socióloga, un historiador y una abogada. Detallo la lista al final. Sus actividades se iniciaron en 2009, casi una década después del final conflicto y pasados seis años de la publicación del Informe Final. Un plazo muy corto, si tenemos en cuenta que los movimientos civiles de recuperación de la memoria suelen distanciarse hasta treinta años de los momentos en que se produce el trauma colectivo, como hemos visto en los casos de Argentina y España. Lo que provoca la aparición de estos movimientos, en general, es la poca efectividad de las leyes de reparación, la tendencia al olvido de las sociedades, cuyas clases dirigentes están implicadas en los hechos y son sus beneficiarias inmediatas, y la necesidad de escribir un relato colectivo acorde con los sentimientos de las víctimas y sus familiares, que en los relatos oficiales acaban siendo silenciados. El proyecto que nos ocupa responde sin duda a estas motivaciones.

El MIAxM se define como un museo sin sede, que opera tanto en Lima, donde esta violencia se difumina en la distancia, como en los escenarios del conflicto, donde permanecen las víctimas o sus familiares. Sus actividades abarcan tres áreas: exposiciones, intervenciones en el espacio público y talleres. En las exposiciones presentan una colección que se formó inicialmente con aportaciones desinteresadas de los artistas que forman parte del colectivo, y préstamos de otros muchos, entre lo que cabría destacar la colección de arpilleras de la asociación de mujeres desplazadas de Huaycán Mamaquilla, las caricaturas de Carlin, el archivo gráfico de Nelly Plaza, quien además autorizó la reproducción de sus fotografías. O creadores muy conocidos en la escena artística limeña, como Herbert Rodríguez y Alfredo Márquez. Las exposiciones pueden tener lugar de manera indistinta en centros culturales, galerías, escuelas, en salones cedidos por los municipios o en la calle, con la ayuda de carpas o de andamios.

Huamanga

Uno de los aspectos que me han llamado más la atención en este proyecto es la participación de artistas populares, es decir, de artesanos tradicionales de las localidades donde se ha presentado el MIAxM.  Son por ejemplo retablistas, pintores de tablas de Sarhua, o las mujeres que forman la ya mencionada asociación Mamaquilla, procedentes de diversas comunidades, que en trabajos textiles han narrado el sufrimiento de sus comunidades durante los años del conflicto. Es una realidad con la que los miembros del MIAxM se encontraron en diversos lugares, empezando por los retablistas de Ayacucho, y que han sido capaces de incorporar al proyecto. Luego volveremos sobre esto.

Teodoro Ramírez

Retablo de Teodoro Ramírez

No hace falta decir que todo el trabajo se hace con recursos mínimos. Las intervenciones se producen a partir de un contacto previo o el llamado de asociaciones de víctimas, de ONG de Derechos humanos, instituciones educativas escolares y universitarias, agrupaciones religiosas y gobiernos locales. Algunos miembros del MIAxM tienen una trayectoria previa en activismo político o social, por lo que les ha resultado fácil establecer la conexión con los distintos interlocutores y con asociaciones como Anfasep (Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú) o Aprodeh (Asociación Pro Derechos Humanos). Sobre este tema me gustaría puntualizar que son frecuentes los encontronazos entre artistas – curadores, museos, propuestas artísticas – y asociaciones de derechos humanos o activistas, que se deben normalmente al desconocimiento de esos artistas, curadores y funcionarios culturales del lenguaje político y de los problemas y condiciones específicos de los colectivos afectados por la violencia política, de género u otras situaciones de violación de derechos humanos. De acuerdo con nuestra propia experiencia en el Antimuseo, es un error iniciar un proyecto que incida en conflictos de este tipo sin establecer previamente un diálogo con los activistas que ya están trabajando sobre el tema, desde sus respectivos ámbitos. Sin duda la vinculación con el activismo y las asociaciones de derechos humanos y de víctimas es uno de los puntos fuertes del MIAxM.

Mamaquilla

Telares de Mamaquilla, en la exposición en Sicuani

Otro aspecto que me atrae especialmente del MIAxM es que hayan escogido precisamente la figura del Museo. No son el Grupo o el Colectivo de Arte por la Memoria,  o la Asociación de Artistas por la Memoria, ni han inventado un nombre especial para sintetizar sus reivindicaciones o la naturaleza de sus actividades. Son un MUSEO, una institución que irradia un gran poder simbólico y que está involucrada de una manera u otra con todos los conflictos postcoloniales y las dinámicas violentas contra los pueblos indígenas. El museo, de manera más evidente en las repúblicas criollas de la Latinoamérica del siglo XIX que en aquella Europa de revoluciones y contrarrevoluciones, es una institución clave para la formación del sujeto moderno, que es un sujeto estético, identificado plenamente con la burguesía urbana – varón, blanco, propietario – que ha moldeado una imagen de la civilización desde la historia, epistemología, valores, etc., occidentales.  Esta estrategia de apropiación institucional, por hacer un remedo irónico de la expresión crítica institucional, extiende su ámbito de acción del problema concreto de la memoria de las víctimas del conflicto peruano a la cuestión de cómo se constituyen – o no constituyen – los sujetos, y el papel de la cultura y sus instituciones en estos procesos. Procesos que obviamente están en la base de las operaciones simbólicas que legitiman determinadas violencias. El MIAxM, a través de sus propias características – movilidad, intermitencia, multiculturalidad... – y de sus actividades, cuestiona la capacidad del museo de arte para producir conocimiento. Cuestiona no ya su universalidad o su centralidad, sino su misma viabilidad. Y en consecuencia es un proyecto que genera múltiples tensiones con instituciones tan diversas como el MALI o Machu Picchu.

Desde el inicio de sus actividades en 2009 ha realizado decenas de intervenciones, algunas de las cuales, no todas, están recogidas en su blog. Este primer año realizaron una itinerancia por las ciudades de Puno, Cusco y Sicuani, donde el Museo se presenta en el local del Club Unión de la primera y en las plazas de armas de las dos últimas – el equivalente a la plaza mayor en España o al zócalo en México –. La colección en estos montajes incluía piezas de Alvaro Portales, Mauricio Delgado, el Colectivo Ambre, Nelly Plaza, Jorge Miyagui, Carlín (Carlos Tovar), Karen Bernedo, Carlos Troncoso, Herbert Rodríguez, arpilleras de Quilla, así como el Altar de Aprodeh y el archivo Yuyarisun. También tomaron parte artistas locales, como Felipe López, Freddy Ortega y Roger Tello. También en 2009 el MIAxM viajó a Huancavelica, donde además de presentar la colección colaboraron con el Taller de Liderezas de Huancavelica de Demus en la realización de un mural (3).

Altar Aprodeh

Altar de APRODEH

El Altar de Aprodeh es una instalación realizada principalmente con retratos de víctimas y desaparecidos. Las fotografías fueron recolectadas en principio por la asociación, pero en distintas exposiciones ha habido personas del público que han querido aportar las retratos de familiares víctimas de la violencia o desaparecidos, en la necesidad de tener un reconocimiento público de su dolor y también una manera de preservar la memoria de sus allegados. El Archivo Yuyarisun merece una mención aparte: se trata de una colección de obras de arte populares, incluidas creaciones literarias y musicales, realizadas por indígenas de la sierra, donde se describen las agresiones, torturas y crímenes que estas comunidades han sufrido. Las imágenes son sencillas, construidas con los recursos plásticos y materiales más elementales, pero en ocasiones terriblemente crudas.

Yayrisun

Dibujo del Archivo Yayarisun

Tras los dos primeros años de itinerancia por ciudades y pueblos de la sierra, el MIAxM ha organizado y participado en un gran número de eventos. La mayoría relacionados con la memoria, pero también en otros dedicados a los derechos humanos, la cultura comunitaria, el día de la mujer o temas ecológicos como el Foro Mundial del Agua. En este tiempo también ha evolucionado en su metodología de trabajo y ha instituido el andamio como soporte del Museo para las exposiciones en espacios públicos. La elección no se debe sólo a motivos prácticos, obviamente los andamios son baratos, se encuentran en todos los sitios y resultan fáciles de montar y desmontar para una exposición de un día. El andamio se presenta aquí como una metáfora del proceso de construcción de la memoria, nos recuerda que es un trabajo permanente que no se agota con una exposición o una ley de reparaciones económicas a las víctimas.

Yayarisun

Dibujo del Archivo Yayarisun

El Museo Itinerante de Arte por la Memoria es uno de los muchos colectivos que en estos momentos están trabajando en Perú. Me ha llamado fuertemente la atención la existencia de una escena vibrante y muy avanzada de arte político, por un lado, y de un establishment bastante conservador en sus lenguajes y muy orientado al mercado por otro, sin apenas contacto entre ambos. La aproximación a los procesos de construcción de memoria que hacen en el MIAxM me parece más que notable, sobre todo desde la perspectiva del arte español, donde con pocas excepciones la reflexión sobre la memoria ha estado marcada por el oportunismo y la indiferencia hacia las iniciativas de las asociaciones y colectivos de la sociedad civil. Y aún en el mejor de los casos, no ha habido un proyecto colectivo capaz de generar la energía y articulación política que podemos apreciar en el MIAxM. No hace falta explicar que su trabajo no es fácil y que provoca fuertes polémicas cuando se presenta en lugares donde las heridas son muy recientes y las responsabilidades, por así decir, aún flotan en el aire.

MIAxM

Otro aspecto que me ha sorprendido es la existencia de una arte popular que ha iniciado motu propio esta reflexión sobre la violencia y la memoria de las víctimas. Como ya he comentado más arriba, los integrantes del MIAxM se encontraron por primera vez en Ayacucho con los retablos de artistas como Teodoro Ramírez, y luego en otros muchos lugares con obras realizadas en las técnicas tradicionales correspondientes. La relación entre las “artes populares” y las “bellas artes”, entendidas a la manera occidental como baja y alta cultura, o artesanía y arte, es peculiar en Perú. Ya en 1975 se concedió el Premio Nacional de Arte a un retablista ayacuchano, Joaquín López Antay, como me ha explicado la curadora, experta en este ámbito, Gabriela Germaná (4). Las dos esferas, aunque separadas, son muy permeables entre sí y podemos encontrar obras de artistas “populares” en exposiciones de arte contemporáneo. Quiero hacer notar que el premio de Antay es catorce años anterior a la exposición “Les Magiciens de la Terre” del Centro Pompidou y tres al libro “Orientalismo” de Edwar Said. Sin duda la teoría postcolonial discurre por cauces colonialistas. En lo que nos preocupa en este artículo, la memoria tras una etapa de violencia política, lo inédito es que los artesanos han usado sus técnicas tradicionales para reflejar la experiencia colectiva.

Integrantes del MIAxM:

Orestes Bermúdez, artista plástico
Karen Bernedo, comunicadora y Antropóloga visual
Rosario “Akito” Bertran, artista plástica y diseñadora gráfica
Mauricio Delgado, artista plástico
Susana Ilizarbe, antropóloga
Catherine Meza, socióloga
Jorge Miyagui, artista plástico
Gabriel Salazar, historiador
Valeska Ruíz, abogada

http://arteporlamemoria.wordpress.com

  1. Datos extraídos de diversas fuentes en Internet. Hay que señalar que los índices de pobreza se establecen a partir de indicadores muy distintos. Los datos oficiales se refieren a la pobreza monetaria. Otros estudios estiman una pobreza multidimensional de hasta el 40%. Personalmente me resulta difícil creer estas cifras. Ver datos en http://www.inei.gob.pe/estadisticas/indice-tematico/sociales y http://www.up.edu.pe/ciup/SiteAssets/Lists/JER_Jerarquia/EditForm/El%20Perú%20de%20los%20pobres%20no%20visibles%20para%20el%20Estado-JULIO2012.pdf
  2. http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php . Existe una versión resumida del Informe Final: http://lugardelamemoria.org/cms_ldlm/pictures/ic_l1305220773_hatunwillakuy.pdf
  3. http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php . Existe una versión resumida del Informe Final: http://lugardelamemoria.org/cms_ldlm/pictures/ic_l1305220773_hatunwillakuy.pdf
  4. He transcrito Liderezas, con el cambio ortográfico de la z por s, porque aparece así en todas las referencias que he encontrado. Participaron además la Brigada Muralista (http://brigadamuralista.blogspot.com.es) y el colectivo Ambre.
  5. Gabriela Germaná ha curado en 2013 la exposición Entornos Reconfigurados en el MAC de Lima. En ella presentaba trabajos de cuatro artistas que usan técnicas tradicionales, como Primitivo Evanán o Paloma Álvarez, en trabajos que hablan sobre la emigración de la sierra a Lima.

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