<< Segundo Encuentro

ARTE FRENTE AL FEMINICIDIO



LA LUCHA POR ELIMINAR LAS VIOLENCIAS CONTRA LAS MUJERES
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Avances y Retrocesos en Guatemala

María Eugenia Solis García*

Contexto desfavorable

¿Se puede hablar de avances de las mujeres en un contexto tan desfavorable como el guatemalteco?  En este país opera un sistema que reproduce en forma permanente todo tipo de  injusticias y desigualdades. La brecha entre los que tienen todo y quienes sobreviven con casi nada,  se profundiza día a día. Lo anterior se ve agravado, por el enclave del narcotráfico y crimen organizado trasnacional en nuestro territorio.

Las mujeres continúan enfrentando diversas formas de discriminación en el espacio familiar, social y político y en aquellas áreas relacionadas con la dimensión económica y cultural. Algunos ejemplos: la subvaloración o invisibilización del trabajo reproductivo, la condena de las mujeres a ser parte del sector informal de la economía, el no acceso a la seguridad social, la falta de políticas publicas que les garantice ser sujetas de derechos, la subordinación a esquemas culturales que tienen su máxima expresión en las distintas violencias que sufren.

Transformaciones sociales

El riesgo de absolutizar e insistir en que todo está peor, más jodido que antes es inmovilizarnos… y pienso que ese es el primer logro que tenemos las mujeres en Guatemala. No nos hemos quedado quietas, nos hemos movido. Hemos ido aprendiendo que tenemos derechos y los estamos usando cada vez más y de mejor forma.

Los procesos de generación de conciencia iniciados hace décadas han empezado a dar resultados. Pueden parecer intrascendente para las estadísticas mundiales, pero son avances significativos para Guatemala. Cada vez haya más mujeres que toman decisiones, cosa que antes no se usaba.

Hoy en día hay mujeres que eligen con quién forman pareja, exigen su derecho al placer y no lo confunden con la reproducción; optan por avanzar en la escuela en lugar de la maternidad; controlan la natalidad; participan en organizaciones comunitarias; insisten en tener una relación más igualitaria con su pareja y en su familia, redistribuyen la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos; mandan al carajo a un hombre maltratador y lo denuncian ante el Ministerio Público; construyen su autonomía e independencia económica.

Esas son transformaciones sociales que avanzan pero no debemos generalizar. Son focos, núcleos de mujeres distintas a “las de antes”, con un pensamiento y una práctica que rompen esquemas tradicionales, al asumirse sujetas de derechos.

Políticas públicas y leyes

Influir en la agenda política no es fácil y las mujeres lo hemos hecho. Hemos aprendido a analizar las leyes desde una perspectiva feminista. Hemos denunciado que el Estado no es neutral al momento de hacer las leyes. Nuestra acción política se ha encaminado a diseñar proyectos de ley, cabildearlas y lograr que las aprueben. Hemos sido capaces de investigar y elaborar informes acerca de la situación de las mujeres. Derivado de ello, hemos desarrollado capacidad para formular políticas públicas. Logramos la aprobación de un conjunto de leyes que nos dignifican y posibilitan el ejercicio de ciudadanía. Hay avances a nivel normativo en relación a los derechos sexuales y reproductivos.

Luego de colocar en la agenda política la eliminación de las distintas discriminaciones que sufren las mujeres, tuvimos una respuesta ante la espiral de violencia. Las instituciones que conforman el sistema de justicia han creado modelos de atención integral, por exigencia de las mujeres y gracias al compromiso de algunas que ahí ocupan puestos con poder.

A través de acciones de inconstitucionalidad exitosas hemos logrado eliminar contenidos discriminatorios de las leyes. Hemos usado también el sistema Interamericano de Derechos Humanos para que exijan al Estado de Guatemala la eliminación de discriminaciones legales.

Educarnos en derechos humanos nos ha traído cuenta. Nos ha fortalecido el discurso reivindicativo y la práctica política. Ahora estamos convencidas que todo lo que la comunidad internacional avanza en libertades y derechos fundamentales, nos debe salpicar y beneficiar también a nosotras. Por esa razón, ahora utilizamos a favor de las mujeres, los tratados internacionales contra el genocidio, la trata, migración, tortura y desaparición forzada de personas. En materia de derechos humanos, nada nos es ajeno porque es un todo interdependiente. Hemos aprendido a utilizar lo general, no sólo lo específico a favor de las mujeres y niñas.

Protagonismos y liderazgos

La agenda de seguridad y justicia en este país la mueven las mujeres. Contantemente se enfrentan a  las estructuras del crimen organizado que se infiltran en las instituciones del sistema, socavándolas.

Son ellas las que han exigido desde distintas expresiones organizadas, por más de una década la verdad, justicia y resarcimiento. Ellas abrieron brecha para que en el 2010 pudiera realizarse un Tribunal de Conciencia para que de manera específica se hiciera visible la violencia sexual.

La única campaña de despistolización en este país fue impulsada por las mujeres de IEPADES en alianza con otras organizaciones. Por cierto, con la cifra de muertes violentas, hoy más que nunca se hace indispensable volver a esa tarea.

Hay un protagonismo de las mujeres que se expresa en las luchas contra los funcionarios corruptos, en la fiscalización de las políticas públicas, en la defensa del territorio, contra el despojo de las industrias extractivas y en el reclamo a la empresas privadas que comercializan el agua … que no les llega y por la que pagan precio de oro. En este país las luchadoras sociales son referentes de audacia, inteligencia y coherencia.

Por eso insisto, no hemos parado de denunciar, interpelar los poderes y formular propuestas. Se trata de avances sostenidos que nos alientan a seguir la lucha con optimismo.

Hacer visibles las violencias contra las mujeres

La forma más grave en que se expresa la discriminación es la violencia, ya que impide o limita a las mujeres, el goce de las libertades fundamentales y ejercicio de sus derechos.

Haber hecho visible el asunto de las violencias que sufren las mujeres, problematizarlo, es un primer gran logro. El tema dejó de ser invisible, lo convertimos en un problema que debe ser resuelto. Lo colocamos en la agenda política, en los medios también. Aún con deficiencias y debilidades hemos ido construyendo el discurso. Los grupos feministas de distintas corrientes están empeñadas en generar un discurso que deslegitime dichas violencias. Se trata de construir en las subjetividades de las personas, la consigna de que no es normal ni natural que las mujeres sufran algún tipo de violencia.

En Guatemala tenemos algunos avances en luchar para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres, sobre todo a nivel de legislación. Con mucho esfuerzo hemos conseguido algunas leyes, medidas de seguridad, presupuesto, instancias que atienden y asesoren a las víctimas, endurecimiento de sanciones a los femicidas y agresores y alguna que otra condena en el sistema de justicia.

La necesidad de re-politizar el discurso

En el desarrollo de la lucha se ha despolitizado el discurso y la acción política. Se ha vaciado de contenido político. Suena potente el reclamo de normas legales, institucionalidad, la exigencia de investigación, juicio y castigo para los autores de los delitos contra las mujeres.

Pero ¿dónde ha quedado la interpelación al sistema patriarcal? Hemos dejado de mencionar lo que está en el origen de las distintas violencias que sufrimos las mujeres de todas las edades, clases y etnias: las desigualdades entre hombres y mujeres, relaciones de subordinación de unos sobre las otras, los poderes que operan en esas relaciones.

La violencia es un dispositivo de poder que opera en este país, junto al racismo y la explotación del trabajo… cuándo vamos a retomar estos elementos en nuestro discurso reivindicativo y acción política?

Es indispensable impregnar nuestra lucha de ese discurso porque es la esencia y está en la base del fenómeno.

El enfoque de las violencias en cuestión debe enriquecerse porque el fenómeno en Guatemala es complejo. En este país operaran sistemas de opresión debidamente integrados, que logran formar una unidad, ya que se prestan auxilio eficiente y eficazmente. Estos son el capitalismo, el sexismo y el racismo.

Por lo tanto, la lucha por eliminar las violencias, necesariamente obliga a analizar e interpelar este complejo sistema opresivo.

En el discurso en que reivindicamos el derecho a vivir libre de violencias, no podemos dejar de contextualizar la situación económico, social, política y cultural de las víctimas, sus familias y comunidades. Tampoco podemos dejar de analizar el contexto en que operan los “agentes dañadores” y sus poderes, sean estos hombres que actúa en forma individual o si se trata de colectivos, organizados para delinquir.

Lo preventivo

Poco estamos trabajando a nivel de prevención y es lamentable porque es estratégico. Los procesos de generación de conciencia sobre la condición de las mujeres son escasos porque las energías, los recursos y esfuerzos están focalizados en la judicialización de las muertes y agresiones contra las mujeres y a nivel de legislación y políticas públicas.

Denuncia y justicia

El fortalecimiento del sistema de justicia es otra dirección de trabajo en el tema de las violencias. Los grupos de mujeres apoyamos la construcción de una cultura de denuncia pero el sistema no estaba listo para dar una respuesta efectiva. Por lo tanto, las víctimas y quienes las asesoraban se iban a estrellar contra el muro de la impunidad y el proceso generaba re-victimización en ellas, agravando los daños. Por esa razón, trabajamos en los diagnósticos de las instituciones, elaboramos informes, conclusiones y recomendaciones y hemos estado monitoreando la puesta en práctica de éstas. Es decir, tenemos experiencia y demostrada capacidad de denuncia y de propuesta.

Ningún conglomerado, excepto las mujeres, ha logrado tanto en tan poco tiempo, del sistema de justicia. Las seis instituciones que lo integran han sido tocadas por la exigencia de los grupos que exigen justicia para las mujeres. Claro que es preciso reconocer que como antecedente, el movimiento social por los derechos de la niñez y adolescencia abrió la brecha y en una larga y sostenida lucha ha tenido también logros trascendentales que posibilitaron los logros que posteriormente han obtenido los grupos de mujeres, a nivel normativo e institucional.

Las representaciones del fenómeno

Las mujeres tenemos que reflexionar acerca de las imágenes, los lenguajes, los símbolos y códigos que utilizamos para hacer visibles las violencias.  Debemos dialogar con los especialistas en psicología social, diseño gráfico, publicidad, con las personas que hacen arte. Tengo dudas acerca de cómo está operando en las subjetividades de las personas, las representaciones que utilizamos.

Tengo preocupación porque quizá estamos potencializando el discurso violento del patriarcado con las formas en que difundimos las denuncias. Una tarea pendiente es el análisis de estas representaciones y de los resultados del mismo, dependerán los cambios que deban hacerse.

Quizá estemos apoyando la campaña mediática de terror y control social de las mujeres.

Otra situación que me genera duda a la vez que rechazo  es la utilización de las víctimas para lograr “productos comunicacionales”. Es patético e indignante el número de veces que las víctimas deben declarar o testificar, con el objeto de conseguir filmarles y grabarles. Me pregunto si no será inhumano este procedimiento, ya que lejos de atenuar los daños, los agrava.

Todo ello lo debemos conversar en un intercambio con especialistas de distintas ciencias y artes. Será la única forma de enriquecernos y superar las deficiencias para mejorar las condiciones en que nos lanzamos a la lucha contra los sistemas opresivos que nos impiden desarrollarnos en armonía y bienestar.

 

 

 

* María Eugenia Solís García (Guatemala)
Es abogada feminista, guatemalteca, con estudios de especialización en Derecho Laboral y de Maestría en Derechos Humanos. Litigante, defensora de derechos humanos y catedrática universitaria en Programas de Maestrías en Derechos Humanos. Es cofundadora, columnista e integrante del Consejo Editorial de la única publicación feminista mensual de Guatemala: La Cuerda. Es asesora de comunidades y organizaciones que defienden sus bienes naturales.Tiene publicaciones en temas de derechos laborales, sexuales y reproductivos de las mujeres, el acoso sexual y justicia de género. Es la única latinoamericana integrante del Directorio de Iniciativas de Mujeres por una justicia de género, alianza internacional de feministas que monitorea la Corte Penal Internacional.